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ANSELMO POLANCO |
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ANSELMO POLANCO, OBISPO DE TERUEL Y FELIPE RIPOLL SU VIACARIO GENERAL Autor: Jesús Marti Ballester |
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CERCA DEL CIELO Misión General de Barcelona. Año 1961. Un acontecimiento sobresaliente.
850 misioneros de toda España, incluso el famoso obispo de la Televisión
americana, Fulton Shen, Obispo Auxiliar del Cardenal Spellman de Nueva York,
predicaron en la ciudad de Barcelona y en su cinturón metropolitano, durante
quince días. El Arzobispo de Valencia me incluyó entre ellos. Mi centro
misional: la Parroquia de Santa Eulalia de Vilapiscina. Una tarde asistí a la
proyección de una película en carte: Su título: “Cerca del cielo”.
Protagonizada por el célebre Padre Venancio Marcos. El argumento estaba
basado en la vida y martirio del Obispo mártir de Teruel, Padre Polanco. Me
impresionó tanto que ya no le he perdido de vista. El día 7 de febrero
celebra su fiesta la diócesis de Teruel unido a su Vicario General Felipe
Ripoll. Mi residencia de verano en esa ciudad me propicia compartir con mis
lectores las siguientes notas sobre los dos nuevos Beatos en el día de su
fiesta en su Diócesis, deseando y esperando que sean del agrado y provecho de
todos. ¿QUIÉN ES EL PADRE
POLANCO? En Buenavista de Valdavia, pueblo de Palencia, en una
humilde familia de labradores nació el Padre Anselmo Polanco el año 1881.
Cuando cumplió los once años entró en Barriosuso donde estudió Humanidades
durante tres años y en 1896, ingresó en el colegio de Agustinos de
Valladolid, del que un tío suyo era rector y vistió el hábito de San Agustín.
Allí enfermó y tuvo que regresar al pueblo, donde viéndole tan ejemplar, sus
paisanos llegaron a creer que «ser fraile es lo mismo que ser santo». En Navidad de 1904 celebró su primera Misa
en el convento de DON FELIPE RIPOLL Nació en Teruel el 14 de septiembre de 1878. De niño tenía
que recorrer diez kilómetros para ir al colegio. Estudió en el Seminario
Conciliar y fue ordenado sacerdote el 29 de Marzo de 1901. Su nombramiento de
profesor de los seminaristas, le hace continuar sus estudios. Diez años más
tarde fue nombrado Canónigo y Rector del Seminario. Le atraía la Compañía de Jesús
y durante dos años vivió con los Jesuitas, pero al resentirse su salud,
regresó a MUCHO TENDRA QUE
SUFRIR El día 21 de junio de 1935 el Padre Polanco fue
preconizado obispo de Teruel. Se preparó con unos Ejercicios Espirituales en
la Cartuja de Zaragoza y recibió la consagración en la iglesia de los
Filipinos de Valladolid. Como su padre estaba enfermo, sólo pudo asistir a la
consagración su madre, que cuando la felicitaban respondía: «No son éstos los
mejores tiempos para ser obispo: mas, en fin, si le matan... ¡qué le vamos a
hacer! También los mártires dieron su sangre por Jesucristo.» «Mucho tendrá
que sufrir, pero más sufrió el Hijo de SU RITMO DE VIDA DE
CADA DÍA Se levantaba a las cinco de El 16 de febrero de 1936 habría elecciones. El Padre
Polanco orientó y animó a sus
diocesanos. Antonio Montero, en su Historia de la persecución religiosa en
España publicada por la BAC, cita y transcribe “La Carta colectiva de los Obispos
españoles a los obispos del mundo entero” de 1 de julio de 1937, firmada por
49 prelados, entre ellos el de Teruel, Padre Polanco. De esa carta extraigo
este párrafo: «Nuestro régimen de libertad democrática se desquició por
arbitrariedad de la autoridad del Estado y por coacción gubernamental en
pugna con la mayoría de la nación, dándose el caso de que con más de medio millón de votos de
exceso sobre las izquierdas, obtuvieron las derechas 118 diputados menos que
el Frente Popular, por haberse anulado las actas de provincias enteras». El padre Del Fueyo
escribe: “Los otros obispos firmantes la firmaron con tinta y a buen recaudo;
él la firmó en Teruel, primera línea de fuego, ciudad en peligro, y la
rubricó después con la sangre propia en Can Tretze”. El 15 de agosto, fiesta
de la Asunción de la Virgen, muere en Buenavista la madre del padre Polanco,
asistida por él. Rige su diócesis con abnegada dedicación. En diciembre va a
Burgos donde el Nuncio monseñor Antoniutti le ruega que no vuelva a su
diócesis. Fray Anselmo le respondió: «yo no puedo faltar de allí.» «Mi
trinchera y mi aprisco es Teruel. Dios y España así lo quieren.» Largo Caballero había dicho: «El día de la venganza no
dejaremos piedra sobre piedra de esta España» y TERUEL EN LA GUERRA La ciudad de Teruel quedó en el bando de los nacionales.
El 3 de agosto la aviación republicana bombardeó la basílica del Pilar de Zaragoza
y allí están las bombas que milagrosamente no estallaron. En Teruel, el
obispo Polanco presidió en su Catedral el canto del Te Deum y el himno a la
Virgen del Pilar, en acción de gracias. Teruel quedaba rodeada por una línea
de frente a pocos kilómetros de distancia. Por la parte de Corbalán, a sólo
dos kilómetros. Poco a poco fue estrechándose el cerco. Cuando alguien
sugería al obispo la conveniencia de abandonar la ciudad, repetía: «Yo soy el
pastor, no puedo separarme de mi rebaño.» Los incendios de las iglesias, el
asesinato de los sacerdotes de su diócesis y tantos crímenes y desolación le
hacen sufrir indeciblemente. Teruel es atacada por columnas procedentes de
Valencia, Cataluña y Cuenca, que estrangulan el cerco. El padre Polanco
padecía las zozobras y sobresaltos de la guerra, pero mantenía su firme
voluntad de cumplir con su deber. El bombardeo provocó el hundimiento de su nave izquierda
de GRAN EMBESTIDA A finales de 1936 emprendió el ejército republicano una
gran ofensiva por Corbalán, con una intensísima preparación artillera,
secundada por millares de combatientes de las Brigadas Internacionales, pues
a l Frente Popular le interesaba mucho la plaza y tenían hombres y armas en
abundancia. Batalla tras la batalla, la ciudad fue cercada y horrorosamente
asediada y bombardeada 312 veces. El obispo se refugiaba como todos en los
refugios subterráneos y entre el polvo y los escombros, derrumbes y estruendo
de minas, dirigía el rezo del Rosario con lo que la gente, que le llamaba «el
Pararrayos», cobraba ánimos. En medio del peligro, siguió atendiendo a sus
fieles en templos y hospitales. CARTA PASTORAL En marzo de 1937 escribió una carta pastoral, en la que
hablaba de las penalidades de los sacerdotes perseguidos. Pide perdón para
los perseguidores, siguiendo el ejemplo de Cristo en la cruz: «Padre,
perdónalos, porque no saben lo que hacen.» Invita a no volver mal por mal a
nadie, a tomar conciencia de la responsabilidad de cada uno en la
reconstrucción de España, con el espíritu de los primeros cristianos en las
Catacumbas, pobres y perseguidos, pero animosos en La ciudad, defendida por menos de cinco mil hombres, fue
atacada por doce divisiones, con un total de 110.000 combatientes bien
pertrechados. El 15 de diciembre de 1937, con un frío siberiano, se
desencadenó la gigantesca ofensiva por tierra y aire. Tras durísimas batallas
Teruel quedó rodeada. Se organizó la resistencia en el edificio del
seminario, en donde se habían refugiado muchos vecinos. 1500 civiles y 1759
militares, con otros 1059, se prepararon para EN LAS CARCELES En Valencia lo tuvieron ocho días en el penal de San
Miguel de los Reyes. La prensa le denostaba. El 17 de enero lo llevaron a
Barcelona, al «cuartel Pi y Margall», situado en el monasterio de las
Dominicas de Monte Sión, en la Rambla de Cataluña-Rosellón. Continuaban las
campañas difamatorias. En mayo de 1938 se le enjuició por haber firmado la
carta colectiva del Episcopado Español. Sobre ella, manifestó al oratoniano
padre Torrent, que ejerciendo en Barcelona las veces de Ordinario por haber
sido martirizado el Dr. Irurita, le visitaba en su prisión, que en su juicio
su defensa sería: « En punto a doctrina, nada puedo rectificar, es la
doctrina de EL MARTIRIO El día 7 de febrero, a las 10 de la mañana, llegó a Molíns
un camión con treinta hombres armados con fusiles-ametralladores, un teniente
y varios suboficiales que se hicieron cargo de los presos y, después de
robarles lo que llevaban, los ataron de dos en dos por las muñecas con muy
malos tratos. El camión tomó la carretera de Les Escaules.
A unos JESUS MARTI
BALLESTER |
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ODA AL OBISPO MARTIR, PADRE ANSELMO POLANCO. Por Jesús Martí Ballester. I. LA ELECCION El Espíritu de Jesús Crucificado Te eligió y te ungió para que
fueras Profunda raiz
de fe y ardiente faro Para guiar y presidir a tus
ovejas. Cual caliente chorro de sangre
consagrado Para ser ofrecido en santa
libación, Y como Cristo, tu Señor
sacrificado, Subiendo su Calvario con El en tu
dolor. Regarás desde ese manantial la
viña, Reverdecida en racimos rebosantes, Para transformar el desierto con
su vida, Transfigurándolo en luz
vivificante. En rojísima rosa llegas convertido Centelleante en vigorosa rosaleda, De la angustiosa tribulación
venido Con el Resucitado tras la larga
espera. La inmensa rosaleda será una rica
fuente Que vivificará sin fin las peñas
áridas, Proclamando el glorioso triunfo
del Viviente, Entre el gigantesco vuelo de las
águilas. II. EL HOMBRE. Tu vida entera como gota de rocío Sobre la rosa florecida de tu
sangre, Experimentará el ardor de su
latido Con tierno y dolorido amor de
padre. Como la aurora amanece de la noche Y feliz, con su luz engendra el
claro día Cuando tu temblor y dolor te
sobrecogen Los fulgores enciendes de la nueva
vida. Tú, como delicado y generoso
padre, Tu dolor olvidando, ascético y
austero, Fiel y entregado a tus ovejas en
tu cárcel, De lo que te gustaba y convenía
ajeno. Pagas tu ardiente fe al precio de
tu vida Y tu fuerte coraje con el fuego de
tu amor; El momento se acerca, llega, y te
convida A que seas trigo de holocausto del
Señor. III. EL HOLOCAUSTO. Las sedientas furias de sangre han
sacudido Con su afán destructor todas las
ramas Crujientes del gran árbol hacia el
precipicio Para consumirlo en la hoguera de
sus llamas. Fragor terrorífico en el monte
retumba Del arma asesina que culmina tu
pasión, La incendiada pira y la torrencial
lluvia Piadosamente cubrirán tu corazón. Antes, tu carne recibía la energía Del Espíritu del consuelo y de la
fuerza, Que forjó las estrellas y engendró
la vida, Plenificándote por dentro de entereza. El aroma feliz y azul de tu
holocausto Ascienda a Dios Padre y descienda
luminoso Entre laureles y carmesíes
amarantos, A tu Teruel, reverdecido y
oloroso. Para que siga tras tus huellas
decidido Escapando de corrupción y de
ceguera, Acogiendo el silbo amoroso de su
Obispo Siguiendo siempre el rastro de las
rectas sendas. Del materialismo triunfando y la
barbarie Y ascendiendo al bosque de luz y
de palmeras De la ciudad de luz y paz
inmarchitables De las verdísimas y dulces
primaveras. IV. LA EXALTACION. ¡Oh sol esplendente, levántate
gozoso, Pasó ya la negra tormenta
tremebunda, Cesaron ya las lluvias tristes,
los sollozos, Y el amargo cáliz dio paso a la
hermosura. El dolor del mártir expiante y salvador Se ha convertido en fuente de
ternura, Para que los verdugos confiesen su
dolor Y lleguen al venero do mana el
agua pura. ¡Vivas banderas de florida
primavera, Cual águilas solemnes alcen ya su
vuelo, Proclamad el cantar de la victoria
nueva: Con la exaltación se "ha
acercado el alto cielo". V. COLOFON. Como las nubes sólo duran un
instante Mientras que el sol permanece todo
el día, Pasó la noche y las angustias
crepitantes Y amaneció ya el sol que alumbra a
mediodía. Racimos de claveles más que la
sangre rojos Lloraron al contemplar tu vida
destrozada, Quienes te amaron y te vieron con
sus ojos, Gozan contemplándola ya
glorificada. Porque el rosal fragante e inmenso
de tu amor, Floreció entre penas y tristes
agonías, Y se alza solemnísimo con el alba
en flor, Triunfador convertido en un ascua
de dicha. La voluntad de Dios hizo breves
sus días, Como las cortas horas de una flor
hermosa, Pero los consumó hasta el fin como
El quería, Con su vida fiel, entregada y
generosa. VI. LA PRESENCIA. La presencia fiel de tus brazos
extendidos, Artífices de virtudes evangélicas, Haga de Teruel hogar comprometido, Siguiendo con fidelidad las sendas
rectas. Se nuestro pastor y guía en el
camino, Tu luz espléndida y gloriosa nos
conduzca A los sufridos, desterrados
peregrinos, Que atraviesan aún las noches y
espesuras. VII. CONGRATULACION. ¡Exulta, Invicta Teruel, que
mereciste Recibir el excelso don del gran
consuelo, Engalánate para entrar en los
jardines, Porque con tu Obispo "está
más cerca el cielo"!. |
ODA MARTIRIAL A FELIPE RIPOLL Y ANSELMO
POLANCO. Por Jesus Marti Ballester I. LOS HERMANOS. Como se aman dos hermanos Que no se pueden separar, Fray Anselmo y su Vicario Suben juntos al altar. Juntos en el pastoreo Juntos en el visitar A los pobres, los enfermos, Y a los hambrientos de pan. Juntos en el Seminario, En palacio episcopal, En San Miguel, su calvario Y en la de Juntos en sus oraciones Y en el viaje final, Donde, sin contemplaciones, El calvario acabará. Juntos en Getsemaní, Y juntos maniatados. Unidos hasta morir Cruelmente acribillados. Ya les vuelan los disparos Al Pastor y al Mayoral, Y ya hoy reciben ambos El galardón martirial. Padre Anselmo, Don Felipe, ¡Qué testimonio les dais A estas diócesis hermanas, Que os pretenden imitar! Como Elías y Eliseo, Como San Pedro y San Pablo, Cual Clara y el Poverello, Merecéis el mismo salmo. Anselmo y Felipe juntos, No se pueden separar Sus cuerpos en este mundo, sus almas unidas van. Si en vida y en muerte unidos ¿No parece natural Que os inscriban, cual dos lirios, Juntos en el santoral? II. ROSAS, INCIENSO, NARDOS. Como los granos de incienso, Que cuando los quema el fuego Dan su aroma más intenso, Nube perfumada fueron. Como antorchas que no brillan Mientras no arden sus llamas, Estos hombres son semilla De innumerables almas. Botones de nardo son Que, exprimido en el dolor, Su cuerpo se desangró, Y el nardo exhaló su olor. Anselmo y Felipe ya, Como hogueras incendiadas, Y dos capullos de paz, Se hacen rosas escarlatas. Cuando cerca de la meta, Su espíritu sin amargura, Intuyó la palma eterna, Tras la fiera noche oscura. Cual manojo de jacintos, Han florecido las penas, Entre aromáticos mirtos De vuestras vidas enteras. III. CUSPIDE. La tormenta de la noche Tejió de oro la mañana, Y el suplicio de aquel coche Pasó a luz glorificada. Tras un cruel anochecer Llegó presuroso el Señor Con vuestras flores de ayer, Incendiadas de dolor. Y vuestras pobres espigas Convertidas en jardín De rosas ya sin espinas, Han madurado por fin. IV. APOTEOSIS. ¡Gloria a vosotros los dos, Síntesis de santidad, E infudidnos
a nosotros, Constante fidelidad! |
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Jesús Marti Ballester |
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