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BEATO FRANCISCO GALVEZ Franciscano, sacerdote, misionero y mártir 4 de
diciembre Autor: Jesus Marti Ballester |
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NACE
EN UTIEL, ESPAÑA El Beato Francisco
nació en Utiel (Valencia) y fue bautizado el 15 de agosto de 1578, fiesta de
la Asunción de la Virgen María: Los padres eran hidalgos, miembros de la
aristocracia menor castellana, sin títulos nobiliarios, pero de condición
acomodada y de buena reputación. Sus primeros años transcurrieron en la
serena paz del hogar paterno, jugando con sus amiguitos por las calles de su
pueblo y correteando por el amplio llano que se extiende al este de la
población, hasta llegar a la orilla del río Magro; sin duda, visitarían más
de una vez las numerosas ermitas diseminadas por el término municipal. FORMACION La primera
instrucción la recibió Francisco de alguno de los clérigos de la Parroquia o
asistiendo a la Escuela Parroquial. Pero pronto pasó a ser alumno del Colegio
Seminario del Salvador, fundado por el sacerdote de Utiel, D. Gonzalo Muñoz
Iranzo, quien dispuso en su testamento: «Espero en el Salvador del mundo que
no sólo los de Utiel, sino también de toda la comarca se moverán, para que
aquí los niños y niñas, desde chiquitos, aprendan la Doctrina cristiana, y
los mayores y estudiantes aprendan los principios de Gramática y Latinidad,
para que de aquí salgan buenos ministros para la Iglesia y vayan a otras
Universidades para aprender otras ciencias y facultades y a Religiones y
Monasterios para mejor servir a Dios, que éste es el celo del Salvador del
mundo, a quien se debe todo y a quien se le dé la honra y gloria por siempre
jamás, amén». El Colegio fue inaugurado el 6 de agosto de 1585, festividad de
la Transfiguración del Salvador, que le dio el nombre, cuando Francisco iba a
cumplir los siete años, y en él recibiría la formación adecuada para
continuar más tarde en la Universidad, encaminarse al ministerio sacerdotal e
ingresar en Religión. ESTUDIO
GENERAL El Papa valenciano
Alejandro VI erigió la Universidad de Valencia, inicialmente llamada - Estudio
General -, coronando así una larga tradición de enseñanza e investigación. A
ella acudió, Francisco según el certificado de estudios, que es de fecha 10
de abril de 1598 que consta en los "Libros de Grados de la Universidad
de Valencia" que se conserva en el Archivo Municipal de la ciudad, donde
se dice que el subdiácono Francisco Gálvez estudió y terminó los estudios de
Artes, Lógica y Filosofía, con el Catedrático, José Roque Rocafull, Doctor en
Artes Liberales. Y que después cursó la Sagrada Teología en la misma
Universidad, en cuatro años continuos; en los tres primeros, Teología
Escolástica, y en el cuarto y último, Teología Escolástica y Positiva,. EN
LA UNIVERSIDAD DE VALENCIA Para ser clérigo,
además de los estudios necesarios, el candidato había de reunir otras
condiciones como la de poseer una voluntad decidida de serlo, una conducta
digna y una entrega total a los demás, como real manifestación de amor a Dios
y a los hombres; todo ello avalado con los informes de sus superiores y las
declaraciones del pueblo de Dios. Cumplidos los señalados requisitos,
Francisco Gálvez, ya subdiácono, debió de ser ordenado diácono en ese mismo
año por San Juan de Ribera, Arzobispo de Valencia, quien le concedió un
beneficio en una de las parroquias de la ciudad. FRANCISCANO
ALCANTARINO Pero cuando ya
tenía encauzada su vida en la Universidad y en la Diócesis, Francisco decidió
responder a la llamada divina que lo invitaba a la evangelización y a tomar
otro camino hacia la santidad. Siendo ya diácono, vistió el hábito
franciscano en el convento de San Juan de la Ribera, de Valencia,
perteneciente a la Provincia alcantarina de San Juan Bautista. Eligió, dentro
de la Orden franciscana, una rama de gran austeridad en la reforma iniciada
por San Pedro de Alcántara, donde encontró un estilo de vida pobre, austero, penitente, contemplativo, y comprometido en
la evangelización y en las obras de caridad. Modelos no le faltaban. Además
del mismo San Pedro de Alcántara y del conjunto de sus discípulos, pudo oír o
ver el ejemplo de hermanos pertenecientes a su misma Provincia religiosa y
contemporáneos suyos como San Pascual Bailón y el Beato Andrés Hibernón. ORDENACION
SACERDOTAL Terminado el año de
noviciado, profesó la Regla de San Francisco, en el convento de San Juan de
la Ribera, el 6 de mayo de 1600. Poco después, recibió la ordenación
sacerdotal, y partió ya para las misiones desde Sevilla, donde se conserva el
Archivo de Indias, un tesoro para los investigadores y en la que hay
referencias a nuestro Beato. El 1 de marzo de 1601, el rey Felipe II, expidió
una real cédula concediendo a Fr. Juan Pobre licencia para conducir a
Filipinas a 40 misioneros, autorizando que los gastos que se ocasionaran
fueran pagados por la Hacienda real. Fray Juan Pobre era Procurador de la
Provincia franciscana de San Gregorio Magno, de Filipinas, y se encargaba de
organizar y conducir grupos de misioneros a las Indias, y en el primero que
dirigió, se alistó Francisco. A
FILIPINAS La ruta de las
Indias, que se dirigía hacia América, para llegar a Filipinas y al Japón,
estaba lleno de graves riesgos y, para prevenirlos, la Corona Española
dispuso el sistema de flotas, agrupando las embarcaciones y protegiéndolas
con naves de guerra. Al mando de toda la expedición iba un general, y cada
barco llevaba su capitán o maestre. Los de pasajeros y mercancías solían ser
diez o doce y los de protección, armados, cuatro. Según consta en el
Archivo de Indias, Fr. Juan Pobre y sus misioneros, entre ellos Fr. Francisco
Gálvez, embarcaron en la flota dirigida por Juan Gutiérrez de Garibay y en la
nao que llevaba como maestre a Pedro de Frala. Zarparon del puerto de
Sanlúcar de Barrameda, en la desembocadura del río Guadalquivir, el 28 de
junio de 1601. Dos meses después,
la misión que conducía Fr. Juan Pobre desembarcó en San Juan de Ulúa, puerto
de Veracruz, en el Golfo de México, al que arribaban las naos españolas a su
llegada a Nueva España. De aquí, se internaron por tierra mejicana y llegaron
a la capital, México, la antigua Tenochitlán de los aztecas, que era el
centro del más importante virreinato español. En posteriores fechas
sucesivas, los misioneros fueron embarcando en Acapulco para Manila. EN
MEXICO Sabemos que Fr.
Francisco permaneció ocho años en México cumpliendo órdenes de sus
superiores, pero desconocemos los lugares en que residió y el apostolado a
que se dedicó. Fr. Francisco Gálvez llegó a Manila el año 1609, destinado al
Convento de Dilao. El viaje de Acapulco a Manila tuvo que hacerlo en el
"Galeón de Manila" y en "Nao de la China", que hacía la
travesía cada seis meses, y ésta era la única comunicación entre Filipinas y
América. El viaje se hacía cruzando todo el Pacífico, por el archipiélago de
las Carolinas y las islas Hawai. MANILA La ciudad de
Manila, capital de las Islas Filipinas, era un importante centro de
irradiación de la cultura europea y del comercio con Asia, y punto de reunión
y de partida de los misioneros del Extremo Oriente. En la organización de los
hijos de San Francisco, todo el archipiélago filipino y el Japón, formaban
parte de la Provincia franciscana de San Gregorio Magno, de la que su primer
Procurador fue San Pedro Bautista, uno de los protomártires del Japón, que
habían sido sacrificados en Nagasaki. El desarrollo de dicha Provincia fue
grande, pues si a finales del siglo XVI tenía 41 conventos, 125 religiosos y
60.892 cristianos, en 1622, los conventos ya eran 57 y los cristianos
114.000. Fr. Francisco
Gálvez, fue destinado a Dilao, situado a las afueras de Manila, cruzado por
el río Pasig, que desemboca en la bahía de la capital. Allí vivían japoneses
ya convertidos al cristianismo, y para atenderles, enseñarles la doctrina cristiana
y administrarles los sacramentos, se fundó una parroquia. Y aquí, con el
trato directo de los japoneses y bajo la dirección de Fr. Juan Bautista,
guardián del convento, estudió Fr. Francisco el idioma nipón, que llegó a
dominar con tal perfección, que fue nombrado ministro de los japoneses que
residían en Balete, jurisdicción de Dilao, hasta 1612, en que fue enviado a
Japón. Esta estancia en Manila le fue muy beneficiosa porque lo dotó de
conocimientos y formación específica para la tarea que le aguardaba con los
japoneses, pero ya en su tierra. A
JAPON En 1612 hizo su
primer viaje a Japón, donde estuvo dos años. Durante ellos, predicó el
Cristianismo con soltura y tradujo con belleza y elegancia al japonés el
libro Flos Sanctorum, o Santoral, en 3 volúmenes, un Catecismo o Explicación
de la Doctrina Cristiana y varios opúsculos de devoción, que facilitaron su
tarea evangelizadora y el provecho de sus conversos. Estas obras se han
perdido. En el Hospital de
Leprosos de Asakusa, contrajo la lepra. El ejercicio de la caridad para con
los leprosos, practicada por los religiosos franciscanos y su pobreza,
conmovieron a los japoneses, facilitando las conversiones. DE
JAPON A MANILA El 27 de octubre de
1614, por un decreto imperial, Fr. Francisco tuvo que salir del Japón y
volver a Manila. Estas órdenes de destierro fueron frecuentes en Japón, pues
Japón no abrió sus puertas a los europeos hasta el siglo XIX. Aunque hubo
épocas en que los cristianos fueron respetados y acogidos, como le ocurrió a
San Francisco Javier, y a San Pedro Bautista y a sus compañeros en un primer
momento, las expulsiones y las persecuciones se reproducían de manera
intermitente como lo prueba el martirio del San Pedro y otros muchos. A
finales de 1614, todos los misioneros, incluido el Bto. Gálvez, fueron
desterrados de Nagasaki a Macao (China) y a Manila. SU
ILUSION : EL JAPON A fray Francisco le
urgía volver a Japón, donde había dejado un pequeño grupo de cristianos
bautizados por él, que necesitaban su presencia, apoyo y consejos para
madurar en la fe y para entregarse a ellos como había hecho con los leprosos,
aliviar sus males y consolarlos. Fr. Diego de San Francisco, hermano de
religión, que se embarcó en la armada que del Gobernador de Filipinas D. Juan
de Silva en 1616, con ánimo de pasar a Singapur, Macao y de allí a Japón.
Pasó a Malaca, ocupada por los portugueses desde 1511 y donde los
franciscanos, gozaban de autorización del rey de Camboya, que, desde su
infancia amaba las costumbres de su religión, para proseguir la
evangelización de aquel reino y fundar iglesias. OTRA
VEZ AL JAPON En el puerto de
Malaca esperaba un navío para llegar a Japón, y al fin encontró una galeota
que, haciendo diversas escalas, podía llevarle a su destino; pero no se
admitía en ella a ningún pasajero y menos a un religioso español, pues era
muy reciente el decreto imperial nipón de expulsión. Ante tal negativa, su
acuciante deseo le indujo a una estratagema, que nos refiere el P. Diego de
San Francisco: «Hizo este santo religioso uno de los hechos más heroicos que
he visto, ni oído en mi vida, para conseguir su deseo de volver a esta
conversión; que sólo el amor de Dios y celo de las almas, pudo inspirarle.
Habiéndolo encomendado a Dios y con licencia de los prelados, se vistió de
negro "laskar"=remero, como los que en Malaca se alquilan para
remar en las galeotas, y para no ser conocido como español, se tiznó con
betún la cara, manos y pies, y se alquiló como remador, y vino remando todo
el camino sin ser conocido hasta Japón; comiendo sólo la ración de negros, de
un poco de arroz. Todo lo llevaba con gran alegría, teniendo por paga el
verse en el Japón, donde le aguardaba la corona de justicia, que Nuestro
Señor le había de dar, como se la dio, cumplidos ocho años de trabajos
grandísimos en esta conversión, después de su segunda venida...-. Al fin
entró en territorio japonés. Y en esta su segunda estancia en aquel país pudo
moverse con una cierta libertad, gracias a la tolerancia de las autoridades
locales. MISION
DIPLOMATICA Además, ejerció una
misión diplomática ante el príncipe de Voxu, Masamuné, llevándole, por
encargo del Beato Luis de Sotelo, martirizado después, unas cartas y
presentes del rey de España y del Papa. En efecto, Masamuné envió en un barco
fletado por él al P. Sotelo con varios japoneses principales para que
visitaran al Rey de España y al Papa. Cumplida la misión, el P. Sotelo
regresó a Japón en septiembre de 1622, y allí fue detenido y apresado al año
siguiente. Por ello, no pudiendo llegar personalmente hasta Masamuné para
hacerle entrega de las cartas y obsequios que le habían confiado, el P. Diego
de San Francisco envió en su lugar a Fr. Francisco Gálvez. Desde la cárcel de
Omura, ciudad en la que luego fue martirizado, el P. Sotelo escribió a Fr.
Diego de San Francisco sobre los documentos y presentes aludidos: “Hallarán en su
petaca, la carta de su Santidad Paulo V, y respuesta para Masamuné, en una
cajita de madera adornada, con la decencia debida, y un rosario y decenario,
dos cuadros pequeños, guarnecidos de plata y oro, del tamaño de la palma de
la mano, con el rostro de la Santidad Paulo V, al natural. Que procure dar a
Masamuné la carta de su Santidad, con todas estas joyas, y le signifique la
voluntad del Pontífice que se las envía, que es, como dice, en su carta, que
se convierta Masamuné y haga cristiano, para con franca y liberal mano,
concederle las gracias y favores que la Silla Apostólica, acostumbra hacer a
los reyes cristianos y sacerdotes, y de nuevo se los encomienda y ruega
mucho, los tenga debajo de su amparo; que oiga su doctrina y tome los
consejos de sus embajadores, y que por ellos les avise de todo, con
seguridad, de que acudirá su Santidad a darle satisfacción en todo lo que se
ofreciere”. RESULTADO
DE LOS MENSAJES La documentación
añade que el religioso de Utiel, al cumplimentar su embajada, --fue muy bien
recibido y agasajado, ordenando le atendieran en todo cuanto necesitare para
su sustento, y señalándole un lugar seguro en que podía fijar su residencia,
para dedicarse con tranquilidad a la conversión--. Esta deferencia del
príncipe Masamuné hacia Fr. Francisco indica un estado de privilegio, frente
a la situación existente de rechazo a los misioneros por las leyes de
expulsión. Con la protección y favor de Masamuné, el Beato Gálvez desarrolló
una intensa y fructuosa actividad misionera en los territorios de Voxu y
Mongami, y se multiplicaron las conversiones. SE
REANUDA LA PERSECUCION Cuando las
anteriores órdenes de expulsión y persecución de los misioneros no habían
cesado, pero tampoco se aplicaban con rigor, el Emperador nombró nuevo shogun
o jefe del gobierno a Iemitsu. Este dispuso eliminar a los cristianos,
prometiendo honores y dinero a quienes los denunciasen. Un bonzo, monje
budista, o un mal cristiano, delató ante el Gobernador de Yedo a cristianos y
a misioneros, entre ellos el jesuita siciliano Jerónimo de los Ángeles y el
franciscano Francisco Gálvez. Estaba el P. Gálvez en casa de Hilario
Mongazaimón, japonés converso, Síndico de la Orden Franciscana, y advertido
del peligro que corría, «embarcó a Francisco Galbe, a Juan Cambo, portero del
convento de Nagasaki, y a Pedro Doxico en una pequeña embarcación y les dio
una guía, que temiendo la prendiesen a él también, los dejó y se fue con el
dinero que le habían pagado, y no teniendo quien les guiase, estuvieron
quietos, y cuando llegaron los alguaciles del Gobernador de Yedo, prendieron
y amarraron a Francisco Galbe y a sus dos compañeros, Juan y Pedro.
Prendieron, también, al síndico casero Hilario, y a su mujer, Marina,
confiscándoles sus bienes, que eran muchos, y los libros y cosas de la iglesia
que tenía en su poder, los llevó presos a Yedo, y los presentó al Consejo del
Emperador». Acusaron a Fr. Francisco de que era engañador de los conversos
japoneses y causa de su muerte, y respondió el santo en alta voz y elegante
lengua, una de las mejores de aquel reino: DEFENSA
DE FRANCISCO --Yo no he engañado
a nadie, ni predico falsa doctrina, ni he sido causa de muerte; antes bien,
por amor de Jesucristo, verdadero Dios y verdadero Salvador del mundo, y por
amor de sus escogidos los cristianos, les he predicado la verdad y verdadera
salvación, sin la cual nadie se puede salvar, ni vuestras mercedes se
salvarán, si no creen lo que yo predico. No he sido causa de la muerte de los
cristianos, sino vuestras Mercedes lo son que se la dan injustamente--. Ya no le dejaron hablar más; lo
llevaron a la cárcel y allí encontró al P. Jerónimo de los Angeles. Se
alegraron mucho de verse juntos, sin libertad, por una misma causa; se
confesaron mutuamente, preparándose para morir y animaron a los otros
cristianos. Cuando llegó Iemitsu a Yedo, dictó
sentencia de muerte para los presos, ordenando que, después de pasearlos por
las calles de la Corte, fueran quemados vivos los cincuenta y un mártires,
atados a maderos colocados como postes, suplicio frecuente entre los japoneses. CORTEJO
TRAGICO En el trágico
cortejo figuraban tres grupos: a la cabeza, el P. Jerónimo de los Angeles a
caballo, seguido del hermano laico Simón Yempo y otros 17 mártires, a pie;
detrás, Fr. Francisco Gálvez, también a caballo, y tras él, a pie, otros 16
mártires; finalmente, Faramondo (caballero nipón, pariente y primo del
Emperador, noble y rico, que en 1600 había sido bautizado en Osaka), atado a
su cabalgadura, pues no podía mantenerse en ella porque le habían cortado los
tendones de las manos en un martirio anterior, y siuiéndole, también a pie,
el resto de cristianos. EL
MARTIRIO El martirio fue
consumado el 4 de diciembre de Según el
Martyrologium Franciscanum, los martirizados en esta ocasión fueron en total
50: dos jesuitas, el P. Gálvez y 47 seglares franciscanos. Acabado el
martirio, se pusieron guardias para que los cristianos no retirasen sus
restos y cenizas. Astutamente, el cuarto día fueron de noche y recogieron
todas las reliquias que quisieron. BEATIFICACION El 7 de julio de 1867, el papa Pío IX
beatificó a 205 mártires, capitaneados por el dominico Alfonso Navarrete, que
fueron inmolados por la fe y el evangelio en diversas fechas y lugares de
Japón entre los años 1617 y 1632: dominicos, agustinos, jesuitas, terciarios
suyos y fieles cristianos, y también 46 franciscanos: 11 frailes descalzos o
alcantarinos, otros 6 observantes y 29 terciarios franciscanos. Entre esos
alcantarinos se encuentra nuestro Beato Francisco Gálvez. |
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Jesus
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Pedro Sergio
Antonio Donoso Brant |