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JESUS
MARTI BALLESTER |
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CAMINOS DE LUZ PRESENTACIÓN POR DON DAMIAN IGUACEN BORAU, OBISPO DE TERUEL, DEL LIBRO «CAMINOS DE
LUZ» DE JESUS MARTI BALLESTER El
libro que tienes en tus manos es un «Camino de luz», abierto a toda persona
que quiera avanzar en la vida espiritual desde las oscuridades de una vida
ramplona a las claridades de una vida en el amor generoso y total. Es
un itinerario seguro, veraz, bajo la guía de un experimentado conductor y
maestro. Lo que dice, reprueba o aconseja todo está constatado por la experiencia
de quienes han recorrido los caminos de Dios con éxito. El autor no habla de
teorías, no elucubra suposiciones, habla desde una profunda experiencia
personal espiritual y recoge la de los grandes caminantes que hicieron la
ruta del Señor hasta la cumbre. Cada
capitulo es la decantación de muchas horas de estudio espiritual, de mucha
reflexión y oración. No se hacen afirmaciones a humo de paja. Se aceptan, por
su vigencia actual, los experimentados medios de perfección, como excelente
viático para el camino, para el viaje, sin perder de vista que, en realidad,
el camino, la verdad y la vida es Cristo. En
una ojeada superficial podría dar la impresión de hallarnos ante una
selección de textos, afirmaciones, temas, diversos y aislados; pero no es
verdad; hay una unidad en todo el libro; hay un «iter»
que se recorre con lógica; es todo un caminar, un camino cada vez más
luminoso, que lleva a la caridad, esencia de la vida cristiana, plenitud de
la ley, que gobierna todos los medios de santificación, los informa y los
conduce a su fin, como nos recuerda el Concilio Vaticano II. Toma
el libro y verás qué eficaz es para realizar el ideal de la santidad «A fin
de que la caridad crezca en el alma como una buena semilla y fructifique,
debe cada uno de los fieles... » (LG 42>. Lee y medita y hallarás un
«camino de luz». DAMIÁN IGUACÉN BORAU Obispo de Teruel |
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CAMINO DE SANTA TERESA LEIDO HOY En
la laboriosa elaboración de este Camino, he procurado localizar todos los datos
revelados, explícitos unas veces, implícitos las más, y esto con
intencionalidad doble, la de dejar más asegurada, aunque no lo necesita, la
doctrina de la mística Doctora poniendo de relieve sus raíces, y la de
hacerla más actual, porque destacando lo mucho que ella amó Al
fin, muero hija de Cuando
Teresa moría, al pie de la ventana de su celda, las ramas secas de un
arbolito, que nunca llevó fruto, se cubrieron de flores blancas ¡en octubre,
y en la meseta castellana! Era un prodigio más entre los muchos que
acaecieron: remolinos de luces, olores deliciosos, presencias misteriosas,
blancas palomas, claridades... Pero el arbolito florecido tiene una
connotación de doble signo: de la voz del Esposo de los Cantares: «Levántate,
amada mía, ven a mí, porque ha pasado el invierno, y brotan las flores en la
vega y la viña en flor difunde perfume», y de la primavera de gracia que, a
su muerte, dejaba Influencia
de sus obras. Por sus escritos ha podido Teresa extender su magisterio,
incluso extramuros de Dispuestos
a leer Camino de perfección de santa Teresa leído hoy, nos van a situar y
ayudar mucho las «Prospecciones actuales» ante cada capítulo junto con los
«comentarios» para penetrar en la sustancia del libro, que nos descubre la
entraña de una extraordinaria mujer, y de una madre universal, sublimemente
divina y tiernamente humana. Leeremos con la garantía de leer doctrina de JESUS MARTI BALLESTER |
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SAN JUAN DE PRESENTACION DEL CARDENAL MARCELO
GONZÁLEZ MARTÍN, ARZOBISPO EMERITO DE TOLEDO, AL LIBRO DE JESUS MARTI
BALLESTER: CANTICO ESPIRITUAL DE SAN JUAN DE Difícil
trabajo, pero utilisimo, el que se ha impuesto este
gran sacerdote que es don Jesús Martí Ballester, que está dedicado desde años
a la fecunda labor de enriquecer a No
es ningún secreto afirmar que estamos atravesando una de las más hondas
crisis que ha conocido la historia. Yo diría que nos hallamos en el punto
medio entre dos eras, una que se despide pugnando por mantener firmes sus
normas, sus tradiciones seculares, y otra que quiere abrirse paso a toda
costa renovando estructuras, cambiando costumbres y hasta, en algunos
sectores, intentando poner en duda los dogmas más fundamentales. En este
brusco choque entre ambas, me complace comprobar el equilibrio de Parece
que ha intuido lo que dijo Pablo V! en septiembre de 1968 y resulta la mejor
defensa de la vida contemplativa que se ha podido dar en la situación actual.
Decía el Papa a los contemplativos: «Vuestra vocación no es anacrónica:
Vosotros no ocupáis en Somos
Nos los que tomamos vuestra defensa, los que os hacemos la apología, es la
misma Iglesia que se pone de vuestra parte. Os lo repetimos con todo el
corazón: Repetidas
veces he estimulado a don Jesús de palabra y por escrito en su paciente e
incomprendida labor, pero indispensable para El
soplo del Espíritu Santo ha movido a don Jesús Martí en esta línea a doblar a
San Juan de Esto
es lo que le duele al autor de este libro, y no se queda en lamentos, sino
que aporta su esfuerzo para ayudar a que salga del olvido y pueda ejercer un
influjo mayor que clarifique la fe de las almas. El
Doctor de las nadas es exigente. Así se le ha presentado, pero creo que es
menos conocido como Doctor 4e1 Amor. Pocas obras como el Cántico Espiritual,
que hunde sus raíces en el Cantar de los Cantares y en Garcilaso,
celebran con tan sublimes acentos el amor de Dios. La
vida cristiana del pueblo de Dios debe fundamentarse en una fe más sólida que
sepa prescindir de las apoyaturas sensibles. San Juan de El
enseña a los hombres los caminos de la contemplación: Por donde no sabes has
de ir adonde no sabes. Caminos de oración que hay que escalar con ánimo
esforzado y perseverante, sin desfallecimientos y con el decidido propósito de
dejarlo todo para llegar a poseerlo todo. Me
pregunto si hay algún apostolado hoy más necesario en Pero,
sobre todo encarecimiento, el de promocionar a las almas, ya entregadas y a
Dios consagradas, a fin de que consigan esas altas cumbres de la unión
mística que las conviertan en depósito escondido en el corazón de la montaña
que alimenta sin cesar corrientes secretas que fecundan la geografía del
Cuerpo Místico y enriquece su apostolado. El
mundo de hoy acostumbra a medir el valor de las personas con el rasero de los
frutos visibles que aportan a la sociedad. En este sentido habría que pensar
que los treinta primeros años de la vida del Señor no sirvieron para nada.
Error funesto. Estos años de Jesús ejercieron en las almas la misma
influencia santificadora que los dedicados a la vida activa. Su intensa y
continua oración, unida al sacrificio de cada día, fueron raudales de gracia
que inundaron el mundo y le prepararon a la siembra de la semilla evangélica. También
La
oración y el sacrificio de su existencia no pudieron menos de atraer
torrentes de gracia sobre las almas. Nadie
habrá que se atreva a negar el fecundo apostolado de una vida toda de Dios
consumida en el silencio y en la oración. San
José siguió igualmente las huellas de Jamás
apareció en público para ejercer ministerio alguno, cuando tanta necesidad
había de predicación, antes vivió oculto en el anónimo, trabajando
intensamente en la obra que le confiara el Padre, sin escatimar sacrificio
alguno, ofreciendo todo con corazón generoso y enamorado de Dios en beneficio
de las almas. Estos
modelos son suficientes para explicar la fecundidad de la vida contemplativa,
también en apariencia inútil, pero a los ojos de Dios de una trascendencia
incomparable. Urge, pues, la llamada divina de despertar deseos de beber
aguas claras de contemplación amorosa y sabiduría. Es urgente el deber de
esforzarnos por conseguir que sean muchas en número las almas que lleguen a
la estabilidad de paz y bien inmutable que canta admirablemente San Juan de Bienvenido,
pues, este libro nuevo de San Juan de En
las varias Parroquias que ha regentado, su paso ha dejado no sólo iglesias
reconstruidas con abnegado celo, sino, sobre todo, revitalización y nuevos
impulsos de vida cristiana, con florecimiento de vocaciones religiosas y
sacerdotales. Director de innumerables tandas de ejercicios espirituales en
las Diócesis de Valencia, Barcelona, Madrid, Salamanca, Tortosa,
Segorbe, Cuenca, Murcia y Albacete, posee un largo
conocimiento de conductor de almas. Sabe por experiencia el gran provecho que
el estudio del gran Santo Carmelita ha causado en tantas almas. Y su ardiente
pluma, que ha colaborado en múltiples revistas religiosas, todavía ha
encontrado tiempo, en medio de su actividad apostólica, para esta feliz,
oportuna y prometedora actualización del Sumo Doctor castellano. Doctor
a quien, ¡ojalá lo consiga este libro!, tendrían
que acudir tantos espíritus de hoy que viven el misterio de su fe y de su
apostolado entre tantas sacudidas y sutiles asedios, para que se animaran a
llegar a la primavera, a la libertad filial y al amplio horizonte de la
alegría espiritual. Para que se prepararan a caminar a vida eterna. Espléndida
meta la que deseo para este libro: Oue colabore a
realizar con el Espíritu Santo almas consumadas en el amor cristiano que
aceleren la llegada del Reino y lleven a plenitud el ideal que Dios trazó
para el hombre: pues para este fin de amor lo creó. +
MARCELO GONZÁLEZ MARTÍN Cardenal-Arzobispo
de Toledo-Primado de España |
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UN NUEVA LECTURA DEL CANTICO
ESPIRITUAL TEXTO DE Hoy hacen falta testigos más que
maestros. Los maestros enseñan doctrinas. Los testigos han visto y dicen lo
que han visto. Por ambos costados San Juan de ¿Cómo paliar esa desventaja? El autor
ha roto el nudo. Su preparación, sensibilidad, el
profundo conocimiento de San Juan de Jesús Martí Ballester es licenciado en
Teología, buen conocedor de los místicos españoles, predicador, escritor,
conferenciante y fundador de BIBLIOTECA DE AUTORES CRISTIANOS (BAC) Nota del Editor de Betania Don Ángel
Gómez Escorial Un día recibimos un libro de Jesús
Martí Ballester, que incluimos con entusiasmo en la sección de "El Libro
de Una observación más precisa de la obra
de Martí Ballester demostraba que -no podía ser de otra forma- su autor era
un conocedor íntimo de la obra de los dos grandes santos españoles. Se
inició, pues, una relación personal entre el Editor de Betania y don Jesús.
Aconteció, asimismo, la aparición de una muy agradable casualidad. Y fue que
Antonio Burgos, el famoso periodista sevillano mantenía una continuada
relación con don Jesús Martí. Y Antonio Burgos y Ángel Gómez Escorial -el
Editor de Betania- han sido compañeros en sus inicios de la profesión
periodística al coincidir ambos hace ya muchos años en la redacción de la
edición Sevillana del diario ABC. Antonio Burgos mantiene, además, una
monumental página Web en la red que es, sin duda, una de las más interesantes
que acomete en España un intelectual de su calibre y que debería ser imitado
por otros muchos. En fin, esa casualidad dio más empuje a la amistad entre el
Editor de Betania y Jesús Martí Ballester. Jesús Martí siguió aportando más obras
y, entre ellas, dos muy singulares. Se trataba de "Estilo" y de
"Caminos de Luz". Ambas fueron reseñadas en "El Libro de En 1962, el padre Martí Ballester
había fundado una obra en la que podían alojarse religiosos y religiosas y un
instituto secular para hombres y mujeres. Todo ello respondía al nombre de
"Amor y Cruz". En citado Capitulo XVIII de "Caminos de
Luz" aparece una trascripción de una entrevista publicada en el diario
"Lucha", de Teruel, a principios de los años ochenta en donde se
lee con fluidez el camino fundador de don Jesús. Y, en fin, en la actualidad
hay cuatro centros con religiosos: dos en Barcelona, uno en Teruel y un
cuarto en Madrid. La sorpresa se produce al reconocer que Martí Ballester no
es un solo un sacerdote con excelentes dotes de escritor y de investigador en
las vidas y obras de Santa Teresa de Ávila, de San Juan de Nos interesa ahora analizar los dos
libros relacionados con Se nos ocurre, por otro lado, que don
Jesús debería acometer la redacción de un libro que bajo la forma de
"Estilo" se completase con algunas de las cosas que se ofrecen en
"Ideario" y en "Manual". En este último, y en una oración
bellísima, el autor sitúa a un Cristo madrugador en Betania. Sin duda, Jesús
madrugaba para bajar temprano a Jerusalén desde Betania. En fin, tiene Martí
una gran capacidad para construir esos consejos íntimos que llegan al corazón
del creyente. Debe hacerlo. Habrá otro día que ocuparse un poco más de Ángel Gómez Escorial INTRODUCCION DEL AUTOR JESUS MARTI
BALLESTER A SU NUEVO LIBRO UNA NUEVA LECTURA DE “LLAMA DE AMOR VIVA” Y DE
ESCRITOS BREVES DE SAN JUAN DE En nombre de la libertad convoco con
San Juan de Convoco a todos los que quieren darse
y no saben qué dar ni qué es darse a que aprendan a hacer el don mayor, que
es su propia libertad, para conseguir mayor libertad, la libertad de los
hijos de Dios, hasta que lleguen a experimentar que la ley cayó para el
justo. No es ésta época de leyes. No es ésta época de instituciones. No está hoy de moda el corsé. Se atacan las leyes, se atacan las
instituciones, se reclama libertad. Se quieren reactores sin torre de
control y talgos sin carriles; se ambicionan trasatlánticos sin timonel; se
sueñan democracias con libertades omnímodas y realizadas. Y son éstos deseos nacidos en la
propia naturaleza del hombre, que nació para volar en aras de un amor inmenso
y absorbente porque Dios así lo hizo. Es Dios quien ha sembrado en el hombre
la inquietud de la libertad. Dios no ha creado la esclavitud. Es el
hombre el que se ha hecho esclavo: de sí mismo, de los hombres, y de todo lo
que hay en la tierra: honor, poder, aristocracia, cualquiera que sea, placer
y dinero. El único libre es Dios, y por eso es
el único Amor, y por eso puede dar todo cuanto quiere, sin límites ni
cicaterías. Es Dios el único generoso y espléndido. Es Dios el más liberal,
porque se posee sin miedo, porque tiene sin medida y porque se puede dar sin
tasa. Se da a sí mismo y nos da a su Hijo, que es consustancial con El. Sólo cuando llegara el hombre a ser
dios podría ser libre y conseguir esa libertad tan pregonada, tan cacareada,
tan de moda, pero tan, a la vez, lejana. ¿Puede el hombre llegar a ser Dios?
Sin idea de panteísmo, el mismo Dios y la experiencia de los santos nos dicen
y garantizan que para eso hemos sido creados y que él mismo Dios nos lo
manda, ya que el primer mandamiento es amarle y amarle es hacernos Dios,
porque el amor iguala con el Amado. San Juan de En verdad no tiene explicación humana
la visión antropológica tan enorme que se consigue con él, el conocimiento de
Dios verdadero que se obtiene, que queda muy lejos de la caricatura del Dios
de la inmensa mayoría de cristianos que se quedaron en traje de primera
comunión. La razón de la actualidad de San Juan
de A él se le ha esclarecido la visión y
él nos la da como puede, que siempre será menor de la que él recibió, vio y
gustó, pero que nos ayuda e impele a entrar en su misma órbita teologal,
antropológica y cósmica. Para mí San Juan es el águila elevada
sobre sus fuerzas, es el prototipo del hombre superpotenciado
por las energías divinales. Es el hombre activísimo porque ha
participado del poder energético de Pero la divinización tiene un proceso;
proceso ineludible. Primero, la purificación, la fragua de calorías
inverosímiles, el trabajo del cauterio; el fecundo llamear de Es duro de emprender este trabajo. Es
más duro aún permanecer en él pacientemente y con mansedumbre. Pero es
totalmente necesario si Es tan intensa su luz, que el alma se
ve sin tapujos en toda su pequeñez y en toda su malicia y en toda su fealdad.
De ahí el dolor y el desfallecer del alma. Sequedades y apuros, angustias y
desamparos, soledades y túneles negros. Y la suma pobreza. Y el pensamiento de que Dios es cruel
y está hecho un erizo con ella. Es un verdadero pequeño purgatorio el que
padece. Dios al quirófano es terrible. Pero sin quirófano no hay curación de
verdad, ni salud total, ni identificación con el Ser todo puro y eternamente
sereno y dichoso en plenitud sin límites. Lo que estimula a decidirse a tal
empresa es saber que tras ella viene la pacificación total y el amoroso
abrazo de Dios que ampara e identifica con El. Llegada aquí el alma su anhelo vuela
más alto: es la muerte de amor lo que desea y pide mansa y tiernamente. Morir
de amor impetuosamente al compás del romper de la tela. La imagen del cisne que nunca canta,
sino sólo cuando muere, y entonces suavemente, es la pincelada poética de San
Juan con que ilumina la gloria del justo que se va a decir los maitines al
cielo, al tiempo que los ríos, tan anchos y profundos que semejan mares, van
a desembocar en el océano de Dios. Suena entonces el griterío de las
alabanzas al justo que marcha a su reino, con un estampido que se oye desde
los confines de la tierra. Y el alma sube cargada de riquezas y
de esplendor que Dios le deja ver para que ya empiece su gozo y se entreabra
el estallido de su alegría. ¡Cauterio, fuego, llama, regalada
llaga, mano blanda, toque delicado! ¡Qué obra tan maravillosa realizáis endiosando,
ardiendo, amando, santificando, glorificando y llagando con la mayor llaga de
amor al alma llagada, sanándola soberanamente por llagarla colosalmente! Oh amador más curado cuanto más
llagado! ¡Oh llaga que no cesas de llagar hasta
que llegues del todo a llagar! Y en el misterio de la llaga el
serafín con el dardo fulminante que se clava en las entrañas y las revuelve,
las incendia y las sublima en un amor calenturiento, impetuoso y sin límites. Fuego de amor que avanza en oleadas
siempre crecientes que inundan de felicidad ardiente toda el alma cada vez
más llagada. Mares de fuego en el alma que está
engolfada en un universal mar de amor, y que siente tal dolor que sólo tiene
igual en la dulzura. Pero esta generación ha perdido la
sensibilidad para captar esta onda de fuego y para percibir el tenue susurro
de la mano blanda del Padre. Es urgente reconstruir esta
sensibilidad para que deje de aturdirse y endurecerse en el ruido y en la
algarabía. Esta es la tarea dura, lenta y
delicada que emprendió AMOR Y CRUZ en sus cuatro ramas, pequeños granos de
mostaza que intentan sensibilizar a la humanidad para que se deje acariciar
por la brisa inefable y quiera cesar de ser impactada por las cosas creadas
que enturbian su pureza e impiden su pacificación. Brisa y toque que va de sustancia a
sustancia. De sustancia de Dios a sustancia de alma. Y por eso tiene regusto
de vida eterna. Que no se puede decir. Ni imaginar. Porque estas cosas tan imponentes de
Dios sólo se pueden experimentar, gozar y después callar. Porque son como la piedra blanca del
vencedor que tiene un nombre escrito que nadie puede leer más que el que lo
llegó a recibir. Lo cierto es que el hombre siente que
toda deuda paga. Que recibe el ciento por uno de las tribulaciones que
soportó y una luminosidad que contrasta cientos de veces con la tenebrosidad
de los túneles que atravesó, de las oscuridades que sufrió, de las
contrariedades que lloró, de los desamparos y de las soledades que nadie
entendió. Consuelos inmensos por desolaciones
pasadas. Armonías sin límites por chirridos molestos. Alegrías inmarchitables como máximo
tanto por ciento. Ya bien templada la copa recibe el
licor exquisito que toda deuda paga. ¡Qué sabe el que no ha sufrido! Más, ¡qué pena! Son pocos los que
llegan aquí. No porque sean pocos los llamados, sino porque, de entre ellos,
pocos han respondido que sí. Se escabulleron del trabajo. Rehuyeron la cruz, y Dios se quedó esperando y con el
Corazón lleno sin poderlo descargar. Ante la inconstancia y la debilidad se
frenó el amor de Dios. Pero si nos diésemos cuenta de lo que
importa padecer nos agarraríamos a la cruz con brazos y corazón, convencidos
de la gran ganancia que ella nos reporta. Animémonos los débiles a beber el
cáliz ante las perspectivas de la obra de arte que es preciso realizar con su
hiel y su vinagre. Con los trabajos espirituales más de adentro que nos
reportarían bienes más de adentro. Permanezcamos con paz y constancia
perseverante en los trabajos que tanto bien nos merecen. Y alegrémonos de ser
probados, pues la prueba superada hará que gocemos del triunfo de conseguir
lo que queramos del palacio del Rey. Esta es la suprema llamada: unir la
inteligencia humana con la divina, y la memoria humana con la sabiduría
divina y la voluntad humana con la divina. A ser dios por participación de
Dios. Llegar a ser absorbida totalmente en
Dios, cambiando su negrura natural por la hermosura divina. Hasta que el hombre quede convertido
en una fiesta integral, rebosando el paladar de su espíritu un gozo inmenso
de Dios. Cántico nuevo canta, siempre nuevo y
joven. Dios le renueva y las palmeras elevan,
como estrellas verdes de gozo eterno, su júbilo a Dios. Opulentamente, Dios regala a este
hombre que llega a gozar de tanto prestigio ante El, que merece como nunca. Troquelar personas de tal fuste,
repito, es la gran y difícil meta de AMOR Y CRUZ. Llegar a poder deleitarse en la
inextinguible hoguera de todas las lámparas llameantes que engolfan al
hombre, transformado en resplandores amorosos, en Hay que destacar en la doctrina de San
Juan la importancia de los deseos que para él son disposiciones para unirse
con Dios. El deseo bueno, sobre todo el deseo de Dios, sólo Dios lo engendra.
Y Dios no produce nada estéril. El no pondría deseos si no estuviera
dispuesto a cumplirlos. Por eso el camino de los deseos lo es de realidades.
Mucho quiere Dios dar cuando mucho hace desear. Uno de los primeros historiadores de
San Juan, Jerónimo de San José, declaró en los Procesos de Beatificación
sobre la doctrina mística de San Juan de Lo que importa de la oración no es la
obra humana, sino la divina, y ésta hay que procurar por encima de todo. Los mayores y mejores esfuerzos de San
Juan van encaminados a hacer contemplativos. Su pedagogía es distinta de la de
Santa Teresa, que encamina hacia todos los grados de oración. Sin duda,
porque el Santo Doctor suponía la doctrina de Insistentemente
nos repite la diferencia de la obra divina a la obra humana, de la natural a
la sobrenatural. Alerta a
los directores que su obra en las almas no es suya, sino del Espíritu Santo;
que nunca deja de cuidarlas y quiere ungirlas con valiosas unciones, calladas
y secretas, que si no son visibles cuando caen como el rocío sobre las almas,
se manifestarán cuando ya las flores estén abiertas y perfumen con sus aromas
deliciosos y cuajen sus frutos. Que no las
lleve el director a su gusto y estilo, sino trate de ver si conoce por dónde
camina el Espíritu. Que las
dejen en soledad, libertad y sosiego y que les dilaten el horizonte. Cuídense
mucho de pensar que no se hace nada y aparten de las almas el prejuicio de
que están perdiendo el tiempo. Es verdad
que el alma no hace. Pero es soberana verdad que es Dios quien hace y
realiza. Es acción
de Dios, y Dios siempre actúa como Dios. Mientras el hombrecito siempre será
pequeño en su obrar y, por tanto, su ganancia débil y alicorta. Y si el
alma hace lo que le cumple, que es vaciarse y callar, es imposible que Dios
no haga lo que El puede y quiere, que es comunicarse abundosamente,
secretamente y en silencio. Como es
imposible que el sol deje de llenar de luz la habitación si se han abierto
las ventanas o levantado las persianas. Así como
el sol está madrugando para entrar en tu casa, está Dios sobre las almas para
comunicarse a ellas. Dejad al
artista soberano construir el edificio que sueña, preparando el solar del
alma, vacío y solitario, sereno e inactivo, en silencio físico, afectivo y
mental. Que El actuará de modo por nosotros desconocido e insospechado. Esto es
asunto de importancia suma, pues se arriesgan infinitos bienes y existe un
peligro de pérdida infinita. Pues a
cambio de comer el alma un bocadillo de noticia corre el riesgo de impedir
que la coma Dios a ella por entero, que es lo que Dios hace en la soledad y
en la desnudez y desprendimiento total, cuando el Espíritu Santo derrama en
ella tantas grandezas secretas. Por eso,
limpieza, silencio y soledad, vacío y paz en sencilla advertencia amorosa.
Ese es el camino de grandes caudales, de inmensas riquezas. Ahí está el
manantial limpio de las tranquilas y mansas aguas de Siloé. Cuando el
alma, que debe permanecer en silencio, trabaja con sus potencias hace como el
niño a quien su madre quiere llevar en brazos y él grita que quiere ir a pie.
Ni la madre ni el niño avanzan. Si
mientras el pintor está pintando le mueven el lienzo, ¡qué mamarracho sacará!
Dios
quiere ya llevar al alma en sus brazos poderosos y pintar en su corazón la
imagen de su Hijo. ¡Dejadle que trabaje! ¡Aquietaos! ¡Serenaos! ¡Apaciguaos!
¡Callaos! Que «las palabras de Que pronto
amanecerá el fulgor de la aurora unitiva, en que las oscuras cavernas del
sentido, que estaba oscuro y ciego, unificadas con Ese será
el momento de recibir el empuje del Verbo, de tanta grandeza, majestad y
gloria y de tan íntima suavidad, que semejará que todos los bálsamos y aromas
perfumados y todas las flores del mundo se mezclan y estallan de perfume. Y que
todos los imperios y naciones, y todo el universo celestial, y el universo
terrestre y sideral, y el universo infernal, se ponen en movimiento,
arrastrando en su dinamismo todos los seres que contienen, poniendo de
relieve las bellezas de su ser, fuerza, hermosura y gracias y gritando dónde
está la raíz de su permanencia y de su vida. Este
griterío oye el hombre y le abre los ojos a la fenomenal catarata de luz que
le impresiona: Dios todo en todos; y todos en Dios. Dios motor inmenso y todo
por El. Dios sabiduría y energía suprema, Dios amor, Dios imperio, Dios
renovador y recapitulador de todo en Cristo,
Cabeza, Juez, Señor, Comida, Hermano y Esposo de los hombres. Al
despertar, el hombre ve el rostro de Dios lleno de gracias y moviendo todas
las cosas con su fuerza. ¡Despiértanos e ilumínanos, oh Guardián de Israel,
que nunca duermes ni reposas, para que conozcamos y amemos los bienes
estupendos que nos tienes preparados! Y resuena
en lo más hondo del hombre una potencia inmensa, como un órgano portentoso y
majestuoso en voz de multitud de miles y miles de virtudes nunca numerables
de Dios. Y el
hombre queda fortificado e inexpugnable, suavizado y vitalizado de virtudes y
de todas las prerrogativas de que gozan todas las criaturas, alentado por la
mansedumbre y el trato amoroso del que le despierta a tanta plenitud de
grandeza morando secretamente en su seno, donde tan delicadamente le enamora. ¡Dichoso este
hombre que siempre siente que Dios está descansando y reposando en su seno,
porque lo encontró puro y solo! Oremos
para que se mantenga solo, huya de inquietudes, viva
sosegado y en paz para no inquietar ni perturbar el seno del Amado. Porque
ahora ha encontrado la libertad que soñaba y que buscaba. La ha encontrado en
el mismo Dios, que rompió todas las cadenas, que él llamaba pequeñas
libertades cuando eran esclavitudes. Rotas las
cadenas lacerantes y mezquinas puede ya el hombre volar tan alto, tan alto,
que dé a la caza alcance: el Amor de Dios, preciosa margarita, que es la
libertad y la entrega total sin restricciones ni límites. JESUS
MARTI BALLESTER jmarti@ciberia.es |
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El
pensamiento de Santa Teresa de Jesús Un libro vivo para cada circunstancia y
cada tiempo El
pensamiento de Santa Teresa de Jesús DICCIONARIO DEL PENSAMIENTO DE SANTA TERESA
DE JESUS Por
Jesús Martí Ballester EDICEP.
Valencia- España Es
costumbre de Betania ofrecer reseñas actualizadas de libros que ya estuvieron
en estas páginas. Hoy le toda a una de las obras más emblemáticas de nuestro
ilustre colaborador, Don Jesús Martí Ballester. Y hemos decidido reproducir
la reseña realizada por don Jerónimo Beltrán, Canónigo Magistral de Hasta
ahora se había dedicado con éxito a verter en lenguaje modernizado la
doctrina sanjuanista. Ediciones Paulinas; en los diversos volúmenes
publicados, podrían testimoniar esta labor difusora. Y ahora nos llega
--iniciado ya el cuarto centenario de la muerte de Santa Teresa-- su valiosa
aportación. Con un libro que tiene por título;´Diccionario del
pensamiento de Santa Teresa de Jesús: Un libro-homenaje a Este
volumen nos llega oportuno. Entre las diversas publicaciones, que a lo largo
de este año están saliendo en torno a En
efecto, Jesús Martí Ballester, que conoce en profundidad la doctrina
teresiana, nos guía con fidelidad por el sorprendente mundo de Podríamos
decir que la lectura de este libro no es lineal, sino concéntrica. Como si
afirmáramos estar al lado de un paisaje montañero, que nos ofrece
ininterrumpidamente panorámicas y perspectivas distintas. Pero en algún
sentido, idénticas porque tras todas ellas adivinamos "el Dios
escondido” la idea central, el hilo conductor de la límpida fuente teresiana.
Por esto este “Diccionario” podría llamarse: “teológico”. Una especie de
“vocabulario" en el que se unifican los temas teológicos de más
envergadura en Teresa de Jesús. El autor ha tenido paciencia para presentarnos
en apretado haz lo más significativo de su doctrina. Ha ido espigando en su
vastísima obra y aquí tenemos hacinadas para nuestra ventaja y comodidad, sus
principales ideas. Todos sabemos que Santa Teresa es espontánea cuando
escribe. Lo hace por obediencia, y es frecuentemente reiterativa. En este
Diccionario de su pensamiento todo eso se suaviza. En
ocho diferentes apartados se distribuye la materia. Dios y sus atributos;
Jesucristo y Bajo
estos sugestivos y teológicos apartados se nos invita a adentrarnos en la
doctrina de El
Diccionario aparece prologado por dos figuras preeminentes de nuestra
literatura ascético-mística: El padre Efrén de Resumiendo.
Doy gracias por haberme encontrado con este libro. Porque es un libro vivo
para cada circunstancia y cada tiempo. Su lectura significa un encuentro nuevo,
virginal -me atrevería a decir- con la doctrina de Teresa. La introducción
que ocupa solamente 12 páginas no tiene desperdicio. El mismo autor nos traza
una semblanza biográfica Y nos sumerge con claridad en la obra de Santa
Teresa como Reformadora, Escritora. Y Doctora de JERONIMO BELTRAN CANONIGO MAGISTRAL DE TERUEL |
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VIDA DE TERESA DE JESUS LEIDA HOY Razón de este ensayo En
busca de lectores. Ha escrito Julián Marías refiriéndose a san Juan de en la
misma longitud de onda: pretende conquistarle lectores a santa Teresa. Con
el mismo pensamiento de Teresa y de acuerdo totalmente con ella, trato yo sus
escritos como medio de aprovechar y de servir a los hombres. Quiero hacerles
fácil lo difícil. Convencido por experiencia del crecimiento que engendran y
de la luminosidad, amplitud de horizonte y fortaleza que aportan al vivir el
hecho cristiano, me propongo ayudar a leerlos hoy. Dilatar
la audiencia selecta de Teresa en estos <tiempos recios» de secularismo,
materialismo y consumismo instigado por la formidable publicidad, cuando el
cristianismo sociológico se está quedando a la intemperie y se hace imperiosamente
necesaria la formación de cristianos interiores profundos y sólidos, «amigos
fuertes de Dios», es el fin de este ensayo; intención, pues pastoral y
dilatadora, afán de repartir el pan robustecedor teresiano, que ahonde y vivifique las raíces, tras haberlo vitalmente
comulgado. La
santidad. La iglesia de los Hechos y la de las persecuciones y aún la de la
patrística, tuvo muy clara la vocación a la santidad; pero nunca, desde
entonces, había sido sacada a la calle, como en estos últimos años en que el
Vaticano II, con el evangelio, la ha propuesto como meta a todos los fieles,
de cualquier clase, estado, edad y condición. Puestos a renovar estructuras y
legislaciones, hay que adecuar también al pueblo de la base la teología
espiritual. Un urgente impulso de proporcionar alimentos sustanciales e
integrales al pueblo de Dios, llano y sencillo, está en la raíz de este
intento de democratizar la doctrina teresiana, como antes hice con la
sanjuanista. Ante los resultados sumamente satisfactorios, pues son muchas
las personas consagradas, y no sólo los laicos, los que saborean y
profundizan manjares tan luminosos y puros, evangélicos, nutritivos y
maduradores, y muchos los lectores que me han estimulado con sus
comunicaciones, continúo, confiado, mi trabajo literario y pastoral. Es
indudable que santa Teresa quiere tener más lectores, pues para eso Dios le
concedió el carisma de decir lo inefable y su experiencia de Dios la capacita
para anunciarnos el Reino. ¿Acaso el Espíritu no ha suscitado las nuevas versiones
de su Palabra para que crezca el número de lectores porque la entienden? Las
versiones de El
pueblo, no sólo la aristocracia de los fieles, ya que en lenguaje cristiano
no existen fieles de primera y de segunda. Urge
la restauración. Qué más quisiéramos que todos pudieran digerir y gozar de la
bella prosa de santa Teresa, tan poblada de símbolos y de imágenes
incrustadas en su vibrante narrativa. Pero hoy se lee poco eso. La literatura
actual es más superficial, y el lector de la cultura de la imagen y de la
informática carece de resortes para mantener la atención, a veces en medio de
párrafos larguísimos que hoy ya no tienen gancho.
Sus elipsis e hipérbaton frecuentes, los anacolutos atribuidos por Mancini a la impericia de la escritora, aunque ella los
emplea para imprimir más vigor a su estilo, restan al concepto claridad. Lo
que se ha hecho en esta versión. En la renovación de los edificios arcaicos,
nobles y traspasados de historia, verdaderos monumentos nacionales, puede
seguirse un procedimiento sabio, ecléctico, mezcla de estilo conservador y
renovador a la vez, que deje al monumento esplendoroso con luces cruzadas de
clásico y moderno. Teresa
es joven porque Dios lo es; pero la lengua envejece, de donde el origen de No
hay en esta versión ni esquemas ni modernismo a ultranza los esquemas nos la
harían más ininteligible aun. El modernismo radical la despojaría de su
gracejo, sonoridad y elegancia. Ni someterse servilmente a la letra, ni
aceptar sin discernir la expresión actual, con peligro de desvanecer el texto
original. Pero
sí una mimosa y delicada poda que expurgue las anomalías fonéticas, las
metátesis y alteraciones de vocales, y revise los arcaísmos y coloquialismos, las frases proverbiales y las
construcciones de verbo en singular con sujeto plural, especialmente el
relativo que, y algunas otras, para paliar la poca variedad de vocabulario. En
algunos pasajes he tenido que hacer equilibrios para desenmarañar la madeja,
cogiendo como con pinzas uno a uno los vocablos para engarzarlos, aclararlos,
ordenarlos hasta dejar los párrafos diáfanos e inteligibles. Algo
semejante ha ocurrido con la supresión de paréntesis para integrarlos en el
texto con el fin de evitar la disgregación, y la explicitación de la elisión
frecuente. Y, en todo, una fatigosa búsqueda de claridad, especialmente
cuando describe situaciones psicológicas místicas, como mistagoga,
que es cuando más se enrolla. A pesar de ello, algunos característicos
incisos se han resistido al tratamiento. Mi
secreto estriba en conservar lo genial de Teresa y ayudarle en sus carencias
y anomalías, poniendo a su disposición los recursos de un lenguaje más
desarrollado, y aportarle cla- ridad, teniendo siempre muy en cuenta a los lectores. Tipográficamente también viene aligerada la pesadez de
los párrafos largos, al fragmentarlos en otros más breves. Los
comentarios. En los comentarios y notas trato de esbozar algo la historia,
situación y geografía de algún pasaje, y la visión en perspectiva de su vida
y formación literaria, humana, espiritual. Unos acentúan su personalidad y
psicología, otros los planes de Dios y su acoso, las crisis y oscilaciones de
Teresa, la acción de la gracia con la jugosa infusión de amor, su afectividad
y entorno, sus lecturas, sus modos de oración y el porqué de su larga etapa
de oración ascética; influencias de otros autores, causas de sus
enfermedades, relación y concordancia de su teología con la de san Juan de En
fin, vienen a ser los comentarios un seguimiento de la trayectoria de Madre
Teresa que amplifica, completa y enriquece su interesante narración. 4. Origen de esta iniciativa Pero
la iniciativa de este «arreglo» no ha venido sola. Ni ha nacido por
generación espontánea. Antes hubo una raíz viva, y de la raíz brotó la
versión. La raíz fue Amor y Cruz, que germinó y nació en Me
pareció entonces que también aquí se asumía «el valor divino de lo humano», a
saber, el valor cristiano del trabajo, de lo secular, de la civilización
urbana en que se vivía, un poco al estilo como eran asumidos positiva y
críticamente por La
obra Amor y Cruz trataba de encontrar y ofrecer su identidad como carisma al
servicio de La
amplitud del horizonte eclesial en que me estaba formando y la ambivalencia
de sentimientos de fascinación y de distanciamiento que me despertaba la
fuerte presencia de la personalidad carismática del Fundador, me hicieron
permanecer a la expectativa. Pero incluso así me enriqueció la relación con
"AMOR Y CRUZ". Y
creo que el Espíritu de Cristo resucitado no ha dejado de reconducirme una y
otra vez, e incluso después de algún gran rodeo, a «la fonte
que mana y corre», escondida en el «vivo pan por darnos vida». De
hecho fue Amor y Cruz quien me puso en la pista de despegue para el cultivo
de una de las dimensiones más fundamentales de mi vida. Es deuda que he
tratado aquí de reconocer, aunque luego los caminos que seguimos fueran ya
muy diversos. José Vidal Taléns. Sacerdote» .5.
Actualidad del mensaje de Teresa Dios
quiso hacer de Teresa un testigo de Jesús resucitado, como hizo a Juan y a
Pedro y a los apóstoles. Esta elección la convirtió en mujer nueva,
capacitada para testificar con su vida lo que había v¡sto y oído. Y
el mensaje que aportó Teresa a Se
comprende, sólo con asomarnos a aquel ambiente, que Teresa tuviera
dificultades, y no sólo las sociales. En una atmósfera, no sólo poco propicia,
sino hostil, cuando sólo el pensamiento de buscar la interioridad era
peligroso (se temía el erasmismo y el alumbradismo),
Teresa se abre camino y ofrece con contundencia el mensaje de aquel momento,
para aquel momento. Y en medio de la tormenta se abrió camino, ¡y qué camino! Creo
que no hay en toda la historia de Hemos
vivido unos años de verdadera algarabía en torno a la oración. Y no sólo en Con
la teología radical de la muerte de Dios, no había posibilidad de diálogo con
un Dios muerto. Con la crisis y falta de fe, Dios no interesaba al hombre. La
autonomía del hombre descartaba el trato con el Ser trascendente. Más, se le
consideraba rival y amenazante. Estorbo para el desarrollo humano. Con la
secularización y la desacralización, el trato con Dios era una forma
alienante de la personalidad. Le escasa coherencia de los orantes
profesionales, daba origen a acusar a la oración de evasión y desencarnación de la vida. En
esta situación, como en la suya, no más fácil, ni menos difícil, Teresa alza
la voz y nos dice: «que nadie tomó a Dios por amigo que no se lo pagase». Y
se pregunta: ¿Por qué no hacen oración? <Por cierto, si no es para pasar
con más trabajo los trabajos de la vida, yo no lo puedo entender, y para
cerrar a Dios la puerta para que no les dé alegría en la oración. Cierto, les
tengo lástima, porque a su costa sirven a Dios; porque a los que hacen
oración el mismo Señor corre con el gasto, pues por un poco de trabajo les da
gusto para que con él se pasen los trabajos». La
oración es importantísima, pero no lo es todo. El primado es del amor, pero
sin oración el huerto no produce flores, es decir, ni amor ni valores humanos,
ni virtudes evangélicas, y las bienaventuranzas sin ella yacen marchitas,
heladas: «Que para esto es la oración, para que nazcan siempre obras, obras,
obras», que en el pensamiento de la maestra equivalen a virtudes. <No
pongáis vuestro fundamento sólo en rezar y contemplar; porque si no procuráis
virtudes y no hay ejercicio de ellas, siempre os quedaréis enanas». Es
decir, sin oración no hay cristianos. Y sin cristianos no puede haber
"nueva evangelización», al menos en profundidad. Por eso Juan Pablo II,
promotor de la misma, ha dicho que «el mensaje de santa Teresa conserva hoy
toda su verdad y fuerza» y pide «que el pueblo cristiano se ponga a la
escucha del mensaje teresiano». 6. Recapitulación Casi
telegráficamente he pasado la cinta de la densa, extensa e intensa vida de
Teresa de Jesús, buscada por Dios y, afortunadamente, encontrada,
transformada y henchida por Él y de El, para convertirla en poderoso
instrumento de renovación eclesial. Hemos seguido el camino que ambos
anduvieron juntos, como esposos enamorados e identificados (1). He dado razón
de cómo Teresa se hizo escritora (2) y de por qué y cómo yo he puesto mis
manos junto a las suyas para «arreglar» la obra genial de su Vida, «su alma»,
«el libro grande de las misericordias del Señor», que todos estos son los
títulos con que esta mujer predestinada lo designaba (3). Si
ella desnudó su alma con delicado pudor porque se lo mandaron, y se alegró de
haberlo hecho para revelar el paso de Dios en su vida y su ingratitud y para
«engolosinar» a los hombres y determinarlos a emprender «el camino del amor»,
yo me he atrevido, de rodillas, a «arreglar» esta epopeya, como se están
adaptando, con éxito, tragedias clásicas y partituras musicales colosales del
pasado. En el origen de esta iniciativa resumo el testimonio del sacerdote
José Vidal, que nos confirma la madurez de los frutos (4), cuando se abre la
esperanza de nuevas primaveras. He
esbozado por último la actualidad del mensaje de Teresa, testigo de Jesús
resucitado, avalado por argumentos históricos y el magisterio de Juan Pablo
II (5). Si
ahora volvemos la página y entramos a leer lo que nos dice Teresa y a
escucharla, y perseveramos con ella, os aseguro que terminaremos proclamando
como los samaritanos: "No
creemos ya por tu palabra, pues nosotros mismos hemos oído y conocido, que
éste es de verdad el Salvador del mundo» (Jn 4,42). JESÚS MARTÍ BALLESTER |
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CUATRO NIVELES DE ORACION DE SANTA
TERESA LEIDOS HOY PRESENTACION AL
LIBRO CUATRO NIVELES DE ORACION DE JESUS MARTI BALLESTER (por el Padre Efrén de LO
MAS HERMOSO de las cosas es lo que tienen de Dios.
Estamos ante un libro delicioso, que versa sobre el agua, el agua que en
Valencia se convierte en vida vegetal, y que en Castilla, por arte de santa
Teresa, se convirtió en vida eterna por su paralelismo con la gracia
cristiana que santa Teresa puso en evidencia en esos capítulos fascinantes de
su Vida (cc. 11-22), que son tema de tu delicada obra, Cuatro niveles de
oración... Lo
más hermoso de una flor de pétalos delicados, como tejidos en el aire,
perfumados con esencias increíbles, pintados con los colores más peregrinos,
es verla brotar de un tronco adusto y espinoso, que por muy incompatible que
parezca es "lo suyo"; esa flor que nace en el extremo de una planta
espinosa no nacería en la punta de una tierna escarola. Misterio de la tierra
que evoca los misterios de Dios. Esa misma agua en la que también tú nos
recreas no nace de la punta de un naranjo, sino de un manantial que brota de
las entrañas de una tierra adusta o de unos peñascales abruptos y áridos, que
parecen incompatibles con la cristalina fuente que mana de allí como la cosa
más natural. ¡Misterios
de la tierra, evocación de los misterios de Dios!.
El agua surge del erial y del peñasco; la flor, de un tronco espinoso; y la
gracia de Dios, "flor de las flores", del Arbol
de Este
libro que nos ofreces, querido don Jesús, es una flor de pétalos blancos,
sedosos y puros como la nieve de Navidad. Mi curiosidad querría encontrar la conexión
que une a tu vida sacerdotal ese temario tan sugestivo que nos ofreces en
todos tus libros; pero más llamativamente en este del agua, de esa agua que
san Francisco llamaba "la hermana agua, preciosa en su candor, que es
útil, casta, humilde; ¡loado, mi Señor!". Cuando
pretendo hacer el recuento de tu vida, recuerdo páginas brillantes, que
prometían de ti un insigne porvenir. Criado en un ambiente de intensa
cristiandad, parecías un superdotado en la palabra y en la pluma. Desde
tu juventud te deslizaste por las corrientes de la más noble literatura y de
una elocuencia inflamada, contagiosa. Prometían tus dotes naturales ser una eminencia gloriosa en la oratoria y en la pluma, acompañadas
de un físico retador, hecho para triunfar en todos los frentes. Te viste
encerrado desde el principio en la humilde parroquia de Sinarcas
pero el eco de tu voz tras tus oposiciones a Magistral de Si
hubieses pensado sólo en ti, te veías en un pedestal prometedor para triunfar
en todo lo humano. Pero el peñascal, que eras tú, se endureció en sí mismo, y
en vez de ser tú el vergel, preferiste ser manantial, para que los vergeles
fuesen otros, otros campos, regados con las aguas que brindaba tu peñascal. Y
Dios te selló con el carisma de Fundador, fundador de una obra entrañable,
revestida con tus dos divisas: Amor y Cruz. No disimulabas. Era tu vida: en
ti nacía todo el Amor que Cristo te había confiado como "cinco
talentos" para que los negociases. Y ¿Cómo
no ha de ser amado un varón de Dios que sólo piensa en ser fuente y repartir
el agua para los demás, quedando él, como el peñascal, sin gota de agua? Yo
diría, querido don Jesús, que esa divisa de "tu Cruz" es la
respuesta de Aquel a quien te consagraste. El te quiere unir consigo, y no en
Abrázate
a tu suerte y no te dejes llevar por el vaivén de las opiniones terrenales,
que suelen ser tanto más fugaces cuanto más falaces. Métete en las corrientes
del "agua viva", y recuerda las palabras de tu maestro, san Juan de
"Aquí
se está llamando a las criaturas, y de esta agua se hartan, aunque a oscuras,
porque es de noche''. Con un abrazo. Fr. EFRÉN DE |
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ESCUCHA ISRAEL 1.
Creo en Por
eso hoy sigue sanando, construyendo, edificando, consolando, fortaleciendo,
llenando de alegría al pueblo que la escucha: "Dichoso el que escucha Como
Cristo se nos entrega envuelto en las especies eucarísticas, viene también a
nosotros en el pobre, débil y desvalido soporte de la palabra, que se
convierte en sacramento (Pascasio Radberto),
"sacramento oíble", sacramentum audibile (San Agustín). Dios se humaniza en nuestros
frágiles medios de comunicar nuestros sentimientos, de relacionarnos con los
hombres, de construirnos como personas. Y así como mediante el vehículo de la
palabra el corazón humano puede colocarse en los otros corazones y habitar
con sus diversos sentimientos en ellos, El
Vaticano II ha declarado solemnemente: " Pablo
experimentó la actividad actuante de 2.
Porque creo en 3.
Porque creo en 4.
La homilía debe relacionar la palabra del Antiguo Testamento con la del
Nuevo, para hacer patente que el Señor ha ido revelando progresivamente su
plan salvífico. Las lecturas del Antiguo Testamento han sido elegidas para
ilustrar y preparar la del evangelio. Con el salmo, eco y prolongación de la
primera, son el primer centro de interés. Su relación, que es muy
enriquecedora, nos demuestra que la doctrina de Jesús está muy enraizada en
la tradición judía y en los modos semíticos de expresión, y que Jesús se
sirvió del Testamento Antiguo en su formación religiosa y en su predicación.
El segundo centro de interés es la lectura de las cartas. Tienen gran importancia,
por cuanto La
palabra es la que engendra la fe o la profundiza y acrecienta, si ya existe,
pues "La fe nace del mensaje". En la carta a los Romanos, Pablo
hace una afirmación que es la que conduce a la homilía genuína:
"El mensaje consiste en hablar de Cristo" (10, 16). Palabra de
Dios, que es Cristo. "Una sola Palabra habló el Padre, que es Cristo, y
después se ha quedado mudo" (San Juan de 5.
Ordena el Concilio: "A fin de que la mesa de 6.
Descubrir la conexión y relación de las lecturas, es enriquecer el mensaje.
Quedarse por tanto, en la reflexión del evangelio prescindiendo del Antiguo
Testamento, no sólo es causa de monotonía, sino que empobrece el mensaje.
Pues "Dios, inspirador y autor de ambos Testamentos, dispuso las cosas
tan sabiamente que el Nuevo Testamento está latente en el Antiguo y el
Antiguo está patente en el Nuevo. Ya que los libros del Antiguo Testamento
adquieren y manifiestan su plena significación en el Nuevo, ilustrándolo y
explicándolo al mismo tiempo" (DV 16). Es lo he que he intentado hacer.
La conexión de las lecturas apostólicas no hay que buscarla en el Evangelio
ni en la primera lectura, sino en el domingo anterior y en el siguiente. 7.
Estas homilías están pensadas para ser narradas; se dirigen más al corazón
profundo, que a la inteligencia. No son una argumentación al estilo del
Eclesiastés 8, 17; ni una apelación, según el modelo del Exodo
20, 13, sino una narración, a modo del Deuteronomio 26 (Lohfink),
para que el oyente se identifique con los personajes de la misma, con sus
estados de ánimo y con sus decisiones, con sus sentimientos, con su oración,
con su dolor, su arrepentimiento, con su confianza y amor, porque
psicológicamente, el sentimiento transforma más que el raciocinio. Bossuet, que es uno de los predicadores que no ha perdido
actualidad por el profundo contenido de Palabra que nutre su predicación,
dice: "Dios a veces da a los predicadores no sé qué fuerza aguda que,
llega a encontrar aquel pecado que nosotros escondíamos y que duerme en el
fondo de nuestro corazón". Y se cumple lo que ha dicho Isaías:
"Como baja la lluvia y la nieve de lo alto del cielo y no vuelven allá
sin haber empapado y fecundado la tierra, así la palabra que sale de mi boca
no vuelve a mí vacía, sino que hace lo que yo quiero y cumple su misión (55,
19). 8
Esta certeza del fruto de la palabra es una gracia de Dios que mantiene el
optimismo en el ministro y le estimula a prepararse más y mejor. Pues viene
garantizado por la misma promesa de Dios, aunque no lo vea. 9
Por otra parte, la narración concuerda más que otros géneros con la mente del
Concilio, que afirma que la homilía "es una proclamación de las
maravillas obradas por Dios en la historia de la salvación o misterio de
Cristo, que está siempre presente y obra en nosotros, particularmente en la
celebración de la liturgia" (SC 35). 10
Dios está presente y operante en su palabra. Pero, como esa acción en 11
La homilía ha de ser una noticia confiada, alegre y esperanzadora, porque el
evangelio es una buena noticia, y Dios no ha empequeñecido ni paralizado su
mano (Is 50, 2), sino que actúa siempre y redime siempre y salva siempre. Por
eso, la alegría de su salvación ha de manifestarse con claridad y con
rotundidad. Con magnífico optimismo. Santa
Teresa del Niño Jesús escribió que le atraía más el camino del amor que el
del temor. Esto, que le ocurría a 12.
He querido que cada homilía tuviera su parte contemplativa y oracional, de
alabanza, de admiración, de acción de gracias, de impetración, seleccionando
los versículos del salmo responsorial, parafraseándolos, relevándolos,
remarcándolos, y dejándolos después a la propia responsabilidad del lector. 13.
No he olvidado el paso al rito. Es decir, a afirmar que estas palabras se
están cumpliendo hoy en nosotros y en el mundo, porque el sacrificio de la
eucaristía no deja al mundo como está, ya que llega a su raiz,
y la sangre de Cristo otra vez derramada, entra por las grietas cósmicas y
transforma al mundo misteriosamente, pero realmente. 14.
La acción de 15.
Cada homilía del Papa Juan Pablo II está siempre y toda escrita de su mano,
de comienzo a fin porque es tarea primordial e ineludible, no delegable, de
todo sacerdote, el hacerse instrumento para consagrar el pan y el vino, para
perdonar los pecados y lo mismo para explicar 16
"Es necesario que los sacerdotes de Cristo se sumerjan en las Escrituras
con asídua lectura y con estudio diligente, para
que nadie resulte <predicador vacío y supérfluo
de la palabra de Dios, porque no la escucha en su interior (San Agustín),
puesto que debe comunicar a los fieles que se le han confiado, las inmensas
riquezas de la palabra de Cristo... "Porque el desconocimiento de las
Escrituras es desconocimiento de Cristo"> (San Jerónimo)" (DV
25). Recordando
que el fuego de la homilía y el provecho es proporcionado a la disposición del
que enseña. Porque como dice el refrán cual es el maestro, tal suele ser el
discípulo. Y a mayor santidad del predicador corresponde mayor fruto"
(San Juan de JESUS MARTI BALLESTER. "ESCUCHA ISRAEL" Hemos
descubierto con alborozo la presencia como escritor prolífico del sacerdote
valenciano Jesús Martí Ballester. Y lo mejor es que los hemos descubierto a
través de Betania, lo cual nos reconforta aún más. Un E-Mail de Martí
Ballester dirigido a esta página fue el principio. Después recibimos nueve
volúmenes de entre los que elegimos, precisamente, una recopilación de
homilías editadas por San Pablo bajo el titulo "Escucha Israel". Jesús Martí Ballester tiene
publicado un monumental trabajo que son sus ocho -¿son sólo ocho?- volúmenes
de actualización y comentario sobre la obra de Santa Teresa y San Juan de Por
el prólogo sabemos que don Jesús Martí ha sido compañero en el seminario de
Valencia del Arzobispo de Barcelona, Monseñor Carles,
que es quien prologa el libro. Pero,
además en una introducción del mismo
Martí describe, desde todos los puntos de vista, la naturaleza
deseable de las homilías. Es una buena lección sobre dicho aspecto; probablemente, la mejor que hemos podido
leer hasta ahora. Aparecen luego los textos de las homilías de los que queremos reflejar,
sobre todo, lo bien escritas que están. No es que minimicemos su contenido
pastoral, bien al contrario. Pero este juicio nos sirve para expresar la
enorme calidad de Martí Ballester como
escritor. Betania
es un lugar en el WEB de Se
trata, pues, de homilías de los ciclos litúrgicos A, B y C y están completos todos los domingos de los
diferentes tiempos, con el anexo de las Solemnidades. Hay
que decir, también, que el libro -"Escucha Israel"- sirve perfectamente como temario para aquellos
seglares que hacen un rato de oración apoyados en lecturas
adecuadas. En definitiva estamos ante una obra muy importante. Seguiremos
dando reseña de los libros de Jesús
Marti Ballester. Angel Gómez Escorial. BETANIA |
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ESTILO |
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AMOR Y CRUZ, IDEARIO OBISPADO DE TERUEL Vicaría
General Visto
el Ideario «Amor y Cruz» de D. Jesús Martí Ballester y no habiendo en él nada
que se oponga a su publicación, concedemos el IMPRIMÁTUR en cuanto de nosotros
depende y según derecho. Teruel,
23 de marzo de 1979. EL VICARIO GENERAL, Emilio Delgado INTRODUCCIÓN Como
son muchas las personas que nos piden conocimiento de No
es algo definitivo y cerrado. Estamos en rodaje y experimentando y estoy
seguro de que estas ideas han de ir sedimentándose, perfeccionándose y
enriqueciendo con el paso de los días. Si
tuviéramos que esperar a publicarlo cuando ya lo tuviéramos perfecto no vería
nunca la luz. Con lo que no podrían conocer El
fin de la publicación es dar a conocer. Pero
adviertan los que lean que estamos en periodo constitutivo y de adaptación y
que cualquier observación no debe ser para excluir, sino quizá, para
enriquecer, adaptar y ampliar. Cada
caso merece un tratatamiento adecuado y, por tanto,
cuantos sientan el ansia de la contemplación pueden sugerir sus
características que, sin duda, podrán encontrar marco adecuado, Esto
no es un horizonte cerrado e ineludible, sino unas líneas capaces de una gran
flexibilidad. Toda
la flexibilidad que el Espíritu Santo nos requiera en cualquier momento. Barcelona, 1 de marzo de 1979 |
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LLAMA DE AMOR VIVA LEIDA HOY |
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LLAMA DE AMOR VIVA Y ESCRITOS BRVES |
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SAN JUAN DE PROLOGO DEL CARDENAL DOCTOR NARCISO JUBANY,
ARZOBISPO DE BARCELONA Hace
algunos meses leí unas afirmaciones del Cardenal Etchegaray,
Arzobispo de Marsella. Helas aquí: «Nuestra sociedad se hace irrespirable,
nos impide gritar, crear.Estamos en una
civilización donde ya no se crea nada, donde todo se fabrica en serie: he
aquí por qué lo nuevo envejece más pronto que lo antiguo... El año 2000
espera hombres y no robots. Para entonces, nos hace falta a todos aprender a
vivir como monjes en la ciudad. Monjes, para quienes la oración no es
ciertamente el contrapeso, sino el peso de toda acción. Monjes, para quienes
la oración es la adhesión amorosa al plan universal de Dios y no aplicación
laboriosa de sus próximos pequeños proyectos. Afortunadamente la oración no
se reduce a la eficacia que nosotros esperamos de ella, porque nuestras
peticiones son demasiado tímidas, nuestra esperanza demasiado limitada.
Afortunadamente El responde siempre más allá de nuestros pobres deseos. Dios
contempla ampliamente el mundo de mañana y nos invita a entrar en su visión,
tan grande como el cielo estrellado. Así nosotros sabremos descartar todos
los miedos que nos paralizan ante las incertidumbres o las amenazas del
porvenir. El miedo animaliza al hombre que no reza: éste no se dirige a Dios
y entonces se vuelve contra sus hermanos; éste no avanza hacia Dios y
entonces persigue a sus hermanos; éste no ofrece nada a Dios y entonces él se
aparta de sus hermanos.» La
cita ha resultado larga; pero es jugosa y extraordinariamente expresiva. «El
año 2000 espera hombres y no robots.» «¡Monjes en la
ciudad!» Este diagnóstico concuerda en el fondo con esta profecía de André Malraux: «El siglo XXI
será un siglo metafísico y religioso. » Ya
dijo Kant que cada vez se planteará más la cuestión del por qué que la del
cómo o el cuánto de las cosas. Por eso la ciencia actual, con su poder casi
ilimitado, no tendrá sentido más que si asume su propia trascendencia, con la
que se comunica en diálogo de amor, que es oración. La
reforma litúrgica, llevada a cabo por el Concilio Vaticano II, ha hecho un
enorme bien a Es
verdad que, en los momentos actuales, se nota un sincero deseo- sobre todo en
ciertos sectores de nuestra juventud- de concentrarse en sí mismos para orar,
para encontrarse con Dios. Esto es bueno y esperanzador. Responde a una
exigencia íntima que siente el hombre, más o menos conscientemente:
encontrarse a sí mismo en el encuentro con Dios. Esta exigencia, aunque en
ciertos momentos puede manifestarse como una necesidad psicológica, responde
más bien al ser profundamente «religioso» del hombre y, pensando en
cristiano, a la acción del Espíritu, que no cesa de llamar a las puertas del
corazón humano para comunicarle la gran realidad del amor del Padre. El
problema de la necesidad de la oración, por parte de los cristianos, es un
«problema de amor». El hombre ora al Padre cuando y porque le ama; deja de
hacerlo cuando su corazón se enfría y huye de El. El puro intelectualismo no
convierte al hombre en un verdadero «orante». Por
otra parte, es perfectamente correcto preguntarnos cuál fue la conducta de
Jesucristo, a propósito de la oración. Las páginas del Evangelio nos dicen
que El muchas veces se aisló de los hombres para orar. Pasó noches enteras dedicado
a la plegaria en lugares desiertos; oró antes de escoger a los apóstoles y
cuando se transfiguró en el monte Tabor. La plegaria del huerto de Getsemaní,
en la noche del Jueves Santo, contiene las palabras más humanas, pronunciadas
en los instantes que precedieron a las horas amargas de la pasión. Más
todavía, ni en la cruz faltó la oración: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has
desamparado?», y «Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu». El
Señor no se contentó con darnos ejemplo de su oración personal. La aconsejó y
la enseñó a sus apóstoles. Estos le pidieron un día que les dijera cómo
tenían que orar y les enseñó el Padrenuestro. En Getsemaní les advirtió
severamente: «Levantaos y orad para no caer en la tentación.» Así les dio a
entender que la plegaria es indispensable para superar el mal en los diversos
trances de la vida humana. Es
una lástima que en nuestros tiempos haya decaído tanto una virtud que se
llama «piedad»: significa, entre otras cosas, el trato filial con Dios. Hoy
no está de moda. Padres y educadores cristianos la han arrinconado como un
trasto viejo e inservible. La «piedad» bien entendida es la oración de los
hijos dirigida al Padre; que no hay que confundir, ni con las «maneras»
concretas de realizarla, ni menos con cierta «beatería» inadmisible. Formar
«personas de oración» -virilmente piadosas- es una de las necesidades más
apremiantes de nuestros tiempos. Pero me pregunto, no sin cierta angustia:
¿Existen muchos y verdaderos «maestros de oración»? Formar
maestros de oración exige dominar, en la teoría y en la práctica, lo que han
dicho los grandes orantes que en el mundo han sido y cuya doctrina Cae
de su peso que, si hemos de orar, necesitamos saber «cómo» hacerlo. No se
puede razonablemente pedir la guía del Espíritu en este negocio, si
descuidamos la ayuda que nos ha sido dada, en sus escritos, por los maestros
de la vida espirituaL Siguiendo una tradición nunca
interrumpida a lo largo de los siglos, estos maestros de oración han construido,
ensayado y manejado la experiencia de millones de cristianos orantes. Santos
y sabios en la materia reconocen ampliamente que San Juan de Estoy
prologando un libro que se ocupa de una obra suya, trascendental: El
autor, por otra parte, ha abierto el surco de una nueva Institución en el
seno de Barcelona, 5 de diciembre de 1980. |
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OBLACION CARMESI |
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SUBIDA AL MONTE CARMELO LEIDO HOY |
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TERESA DE JESUS ESCRIBE CARTAS HOY INTRODUCCION I.
Hoy que se cacarea estridentemente el afán del compromiso, tenemos ante
nosotros a una mujer comprometida en el más sustancial sentido de plenitud y
de gratuidad y, sin embargo, de eficacia, que la sociedad de hoy tan
competitiva, intensamente persigue y, las más de las veces, cosechando
virutas, cenizas, sino tempestades. El Creador nos quiere asociados a El y
colaboradores con El, en la acción que desde su amor creador dimana
infatigable, constante y silenciosa y cala y desciende hasta el centro de la
vida, como savia invisible que asciende por las ramas del vigor haciendo
germinar las flores y nacer y madurar los frutos. Todas la empresas caerán
perecidas si brotan del ser ambicioso que pretende edificar sobre sí y con
sus fuerzas una torre, que siempre será sin Dios, y se llamará Babel.
Recurrir al hontanar de la vida y de la energía suprema es el quehacer más
perentorio que precisa nuestro mundo. Lo que Teresa de Jesús ha hecho es
dejarse sumergir en la raices del ser y dejar que
subiera su savia fecunda hasta los más insignificantes actos de su misión
eclesial. Por eso no le basta lo que ella alcanza hacer; siente la necesidad
de entrelazar sus manos con muchos que crean lo mismo, porque ella será el
vigilante constante que les contagiará su vigor y les comprometerá en su
empresa divina y humana -"su negocio"-. No importa quiénes sean sus
compañeros con tal de que quieran seguirla. Teresa de Jesús no ha fundado
conventos para recluirse y solazarse a solas con Dios burguesamente
y aislada en su torre de marfil, sino para estar más presente en el mundo, en
las gentes, en los suyos, y en los extraños. Sus
grandes obras doctrinales, que tanto esfuerzo le costaron, son casi un grano
de arena comparadas con la multitud de cartas
dirigidas a tantas personas, con quienes une sus manos para salvar y extender
la redención de la sangre de su Señor a toda la tierra. Uncida al yugo de la
pluma permanece toda su vida de fundadora, agotándose con el uso de aquellos
medios elementales, plumas de ave, tinta y papel de difícil escritura,
correos lentos e inseguros. Su gran pena de no poder llegar más lejos en la
extensión de su amor por las almas, quedaba paliada por el cauce de su
correspondencia cordial y santa, prudente y sagaz, con que mantenía el fuego
sagrado entre sus amigos y en todas aquellas personas que le ofrecieran
siquiera, una leve rendija por donde pudiera colarse su amor y compromiso.
Cartas compartiendo el dolor, o la pobreza, o la preocupación de su familia,
siempre elevándoles a la santidad, su afán supremo. Para
que crezca la cristiandad en el corazón de la humanidad, para que esa
cristiandad se haga caridad, en frase de Peguy. La
contemplación de la esencia tomista se concreta en la ética de las virtudes.
A ellas conduce aquélla y es así como se entronca en la vida evangélica el
destello de la belleza reflejado por las virtudes, que ella llama
"obras". Teresa no queda encerrada en su pequeño horizonte, sino
que, abismada en Dios, trasciende el deseo de su corazón a todas las personas
que entran en su órbita. Cuando se lamenta a Dios de que quede encerrada en
ella la riqueza que está recibiendo, oye la voz: "Espera y verás grandes
cosas". Por eso ella siempre espera que el Señor encamine la solución de
sus ardientes deseos: "Hágalo Dios como puede y ve que es
necesario". Como orante calificada, visto Dios y habiendo estado en el
infierno, siente el deber acuciante de proyectar la luz eterna sobre las
cosas temporales, de situar los destinos humanos en la balanza de la
eternidad, de elevar las cosas enmarañadas e inexplicables de la tierra a la
realidad plena y diáfana que les corresponde según la verdad, el juicio y la
gracia de Dios. Visión de fe, anticipo de la celeste. Juan, en sus visiones
apocalípticas, Dante, en Si
la creación es la manifestación de Dios, su Palabra es su más excelsa salida
hacia los hombres. Cuando Pero
no son sus obras grandes las que han acaparado sus más intensas energías.
Cada día ha llevado apresado en su afán, el latido vigoroso de la escritora
de cartas. Si 15.000 se calculan que escribió, de las cuales sólo nos han
llegado poco más de cuatrocientas, es evidente que la cantidad de sus páginas
superan mucho las cuatro obras mayores. Con la ventaja para el lector de
poder contemplar vibrante ante los más diversos aconteceres,
su espíritu singular, y su estilo de buen humor que, a veces, toma a broma
los acontecimientos, las personas, y a ella misma, y la complejidad de los
días. No necesita maquillarse para entregarse a sus corresponsales. Se
presenta tal cual es, sin doblez ni amaneramiento, con una sencillez y un
desgaire que cura para siempre a los amanerados de gazmoñería. Sin
fingimientos. Con llaneza. Con autenticidad. Capacidad inaudita de
observación, ninguna obsesión por ningún tema, avisos certeros, tenacidad en
insistir en lo esencial, labor constante, aunque sin tiempo para releerla y
por lo tanto, pulirla. Y todo de manera magistral. ¡Cuanta y cuán maravillosa
belleza refulge en estas cartas! ¡Qué estilo más impresionante y embelesador!
¡Qué arte tan excepcional goza su autora! La difícil facilidad de su estilo
siempre a su alcance. ¡Qué regalo su lectura y cuán bienhechora! "Las
cartas son para mí, vida". Ella lo dijo. Hablaba de la
"barahúnda" de las que recibía. Porque las que ella escribió desde
que se metió a fundadora, la agobiaban y la consumían. Que la tenían clavada
en su escritorio paupérrimo hasta las tres de la mañana. ¿De dónde sacó tanto
tiempo par escribir tántas y tan bellas, con los
precarios medios del siglo XVI? Quienes hoy apenas escribimos por la
abundancia y la facilidad y la rapidez de las comunicaciones, apenas podemos
comprender este río que fluye de su mano al impulso de su voluntad y enorme
corazón. Apreciaremos que no da puntada sin hilo. Y que las cartas son el
complemento de la doctrina de sus libros mayores. Como el diagnóstico y la
receta. Por su pluma pasan todos y todos los acontecimientos y todos y cada
uno de los problemas, suyos y de los otros, siempre con ánimo, vigor, amor
manifestado, humanidad, respeto, exigencia. Sobre
la manifestación de su amor a las personas no conozco en la hagiobiografía un caso semejante de alguien que hable de
amor sin ningún rebozo y con tanta generosidad, salvo San Pablo en algunas de
sus cartas. Yo creo que este estilo nos está haciendo mucha falta.
Preocupados con exceso por las ideas, como buenos occidentales que rinden
culto a la mente, olvidamos el corazón, que es parte integrante de nuestra
vida de hombres, y la que le da follaje al árbol, le hace florecer y le da
perfume. Jesús tiene Corazón. Y nuestros hermanos también tienen corazón. Y,
como miembros del Cuerpo Místico, integran a Jesús. Jesús se deja querer y se
hace de querer. En cada hermano nuestro hay un Niño, que necesita amor y
dedicación. Una sonrisa le hace feliz; una pequeña atención puede disipar una
tristeza. Teresa no quiere hombres y mujeres hirsutos, "almas encapatodas", personas cerebrales, que tienen miedo
de manifestar sus sentimientos porque creen, equivocadamente, que eso les
empequeñece, y les rebaja: "Cuanto más santas más conversables con las
hermanas". Los que así piensan, no tienen ni idea de que la grandeza
consiste en la sencillez, y de que el hombre integral no es sólo cerebro,
sino también corazón, es decir sensibilidad, afectos, emociones,
sentimientos. Dice Jesús: "Tengo compasión de esta gente". Jesús
llora ante el sepulcro de Lázaro, se deja perfumar por Magdalena, acaricia y
bendice a los niños, y deja que se le acerquen y rodeen, consuela a la viuda
que lloraba a su hijo muerto: "Mujer, no llores"... Hemos de
aprender en la escuela de los sentimientos de Jesús, porque somos
prolongación de Jesús y, no solo histórica, sino principalmente, profunda e
interior. "Tened los mismos sentimientos de Cristo", nos dice San
Pablo. Muchas
lanzas rompió el genio de Teresa que cambiaron el rumbo de la historia, pero
no es pequeña la que rompe en la manifestación de su afecto, en una época
hirsuta de señorías, sus mercedes y sus reverencias, cuando incluso a su
sobrina Teresica le habla de usted. Teresa hoy, con
su estilo, sustancial y accidental, puede centrar la atención a los hombres
de acción para que no se pierdan en lo superficial, pero con tintes de
clarividencia y siempre de ternura y con su disposición al sacrificio. ¿Por
qué aparece tan preocupada por la salud, sobre todo de los responsables, Gracián en primera línea, y después las prioras, sino
porque aquella vida que ella ha ideado inmolada y sin descanso, les minaba
las energías? Sacrificio cuyos frutos sabe que sólo verá en el cielo, como
fruto ímprobo de su trabajo. "No sienta que haya padecimientos, pues el
padecer trae tantas ganancias". Preguntó a Fray Juan de El
lector que se decida a leer las Cartas no va a perder el tiempo; son un
tesoro maravilloso de sencillez, de buen humor, de enfado y enojo naturales y
espontáneos, corregidos por la paciencia, y con una abundancia de matices que
nos la hacen ver más palpitante que en sus obras doctrinales grandes. Maestra
de apóstoles, paciente y dolorosa ante su inactividad exterior forzosa,
siempre animada por la esperanza de que el Señor lo encaminará todo bien.
Madre de Gracián, sobre todos, porque es el
artífice que el Señor le ha puesto para que ella dirija y pulse su arpa. ¿Entendió
Gracián alguna vez a II.
Pero este ensayo tiene una característica, que viene a cubrir una laguna
existente en esta literatura, la de la barrera linguística.
Sin derribar nada, hacer asequible el lenguaje, conservando la esencia del
mismo en lo posible, para que no se desvirtúe el aroma de Santa Teresa. No es
tarea fácil, pero facilitará a muchos lectores que no se atreven con el texto
crudo y duro. En la renovación de los edificios antiguos, nobles y con
historia de siglos, verdaderos monumentos nacionales y patrimonio de la
humanidad, se sigue un procedimiento sabio, ecléctico, síntesis de estilo
conservador y renovador, tal que deje el monumento esplendente y al día, sin
perder su sabor que viene cargado de historia y testigo de una época. Para
realizar esta labor es preciso el carisma del discernimiento artístico e
histórico. En la tarea de esta renovación y versión moderna de su estructura
y léxico, junto con las múltiples claves, datos históricos, sociales, humanos
y culturales, que constituyen una depurada investigación, se ha precisado ese
discernimiento junto al espíritual y místico.
Ignoro si me ha sido concedido, pero de mi parte os puedo asegurar que nunca
me senté ante el ordenador sin invocar al Espíritu Santo y a ella. Creí
que podía concederme el Espíritu, avalado con la súplica de El
modernismo radical la despojaría de su gracejo que, en algunos, muchos
párrafos, está ya consagrado por la cita y la memoria. Ni sometimiento
servilmente a la letra, ni acercamiento sin discernimiento a la cultura y
campos de interés actuales, con peligro de desvanecer el texto original. Pero
sí una cierta y delicada poda y armonía. Y un leve uso de las ricas
posibilidades del castellano coloquial y literario de que hoy disponemos, que
ha progresado mucho en el correr de cuatro siglos. La poda se ha hecho sobre
todo en aquellos pasajes en que más confusamente se lee a ella. He tratado de
conservar un sutil equilibrio. Por eso, mientras se entienda claramente su
pensamiento, la dejo hablar a su aire simpático, natural, sincero, sutil, inteligente,
bello, con la fragancia del pan recién salido del horno y con su pizca de
socarronería, aunque su léxico sea más pobre que el que hoy podría utilizar.
Me ha interesado que no perdiera su gracejo, belleza y frescura, y esto muy,
muy intencionadamente. el resultado es una laboriosa
artesanía hecha con mimo, como si de un encaje de bolillos se tratase, o un
delicado y sutil bordado primoroso que entrelaza su decir y nuestro entender
con el propósito deliberado de captar hoy su pensamiento y su gracia, dicha
con salero, agudeza y sencillez, pero también con barroquismo. He
auscultado el corazón de la madre -parece atrevimiento y osadía-, pero lo he
hecho con cariño de hijo que transcribe su mensaje inmenso y transformador
dirigido a quienes les resultaría un obstáculo si no se lo daba vestido, no a
la moda de hoy, sino quitando estridencias y giros incomprensibles a los que
hoy leen, lo que hoy se escribe. Nunca he desfigurado la idea; he intentado
hacerla digerible y asimilable; en ocasiones, darle mayor fuerza expresiva,
más pasión, eficacia y belleza. Y siempre que he podido he salvado la
expresión, el gracejo, y el mismo embrujo de sus incisos, de sus
exclamaciones, de sus frases. Si acaso, he ordenado el hipérbaton y algunas
formas de sintaxis; he sustituido algunos vocablos hoy en desuso por otros
que en la sensibilidad moderna toquen más de cerca al lector y expresen mejor
lo que la autoria quiere expresar, aunque he dejado
los que son característicos de sus estilo y lenguaje, cuando son fácilmente
inteligibles en sí o por el contexto. No
he querido utilizar toda la riqueza del castellano actual en aras a conservar
el aroma teresiano, siempre que se entienda sin dificultad. Se me dirá: Y
para salvar ese aroma, ¿no sería mejor no tocarlo? La experiencia me dice
que, sin tocarlo, muchos no se acercarán a saborearlo, porque el aroma, tan embelesante para los que le están habituados, ahuyenta a
los primerizos; y ésta es una convicción que me han confirmado muchísimos
lectores; retomando de nuevo la imagen clave anterior, en una catedral gótica
hay mucha belleza, pero sería un delito arquitectónico derribarla y construir
una catedral de ladrillo visto o de cemento como las de hoy, lineal, cubista,
surrealista. Se iría de extremo a extremo. Una vía media, y menos que media,
será buena. Respetar
el estilo, suprimir desconchados, abrillantar arbotantes, hacer resaltar
bellezas de roetones, dobelas,
agujas, capiteles, vidrieras de colores. Eso será salvar el arte y la belleza
sin destruirlos, ponerlos más de relieve y dejarlos a la admiración de los
que no suponían ni tanta hermosura ni, sobre todo, tan sublime doctrina y
praxis tan eficaz. Desgraciadamente, los cristianos de hoy, nuestros
hermanos, sin excluir a los consagrados, han optado por prescindir de los
clásicos espirituales a cambio de acudir a la lectura de autores de tercera o
cuarta división. Los juzgan anacrónicos, no situados, lejanos. Y es verdad
esto referido al ropaje. Pero es falso si, con superficialidad, trasladamos
el anacronismo y el desfase al mensaje. No se puede prescindir en el camino
cristiano de Santa Teresa, como tampoco de San Juan de Valencia, JESÚS MARTI BALLESTER. |
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TERESA DE JESUS NOS HABLA HOY, SUMA
ANTOLOGICA Presentación de TERESA DE JESÚS NOS HABLA
HOY, SUMA ANTÓLOGICA por el padre Efrén de Es
delicioso leer los escritos de santa Teresa, como era delicioso escucharla,
que se pasaban sin sentir horas y horas, que transcurrían como un éxtasis. No
era sólo por la amenidad de sus ocurrencias, que fascinaban a los oyentes.
Era la constante de unas ideas fenomenales que rebosaban de su propia vida,
como chispas de hierro incandescente. Ello hacía que de sus conversaciones
salieran todos pensativos, notablemente mejorados, como lo fue el joven
médico que la atendió en Burgos, el licenciado Aguiar, «hombre arrojado en
sus palabras y decidor de bonísimo entendimiento, a veces mordaz», que con su
trato quedó trocado en otro hombre. Él mismo declaró: «Tenía la santa madre
Teresa una deidad consigo, que se le pasaban las horas de todo el día con
ella sin sentir;; y menos que con gran gusto, y las
noches con la esperanza de que la había de ver otro día; porque su habla era
muy graciosa, su con-versación suavísima y muy
grave, cuerda y llana. Entre las gracias que ella tuvo, una de ellas fue que lle vaba tras de sí a la parte
que quería y al fin que deseaba a todos los que la oían; y parece que tenía
el timón en la mano para volver los corazones, por precipitados que fueran, y
encaminarlos a la virtud». Esto decía un médico alegre. No
menos notable era el parecer de un gran fraile descalzo que la acompañaba,
fray Pedro de Podíamos
temer que aquello fuese pasado a la historia y que sólo se trataba de
recuerdos más o menos afectivos de sus admiradores. Lo interesante es que
aquel soberano interés ha quedado plasmado en el papel. Los testigos que la
oyeron y la leyeron después, aseguran que entre su estilo hablado y el
escrito había una asombrosa identidad. Una amiga, Antonia de Guzmán, hija que
fue de doña Guiomar de Ulloa, declaraba: «Le ha
acaecido estar leyendo el libro de su Vida y parecerle a esta declarante que
oía hablar a la misma santa Teresa de Jesús». Un obispo, que la trató en
Burgos cuando era un muchacho de menos de veinte años, don Pedro de Castro,
aseguraba que en sus libros hallaba él hasta el acento de su voz. Decía: «Los
que han leído o leyeren sus libros pueden hacer cuenta que oyen a esta santa
madre; porque no he visto dos imágenes o dos retratos tan parecidos entre si,
por mucho que lo sean, como son los libros escritos y el lenguaje y trato
ordinario de la santa madre: aquel en mendarse en
algunas ocasiones y decir que no sabe si lo dice como lo ha de decir, y otras
cosas a este tono, son todas suyas». Eran quizá las incidencias de la
conversación lo que este obispo recordaba. Pero también es cierto que cuando
le oía ciertas razones, temblaba como la hoja de un árbol, aun a través de
una reja y unos velos, y los cabellos se le espeluznaban de sagrado terror,
pensando que en aquella mujer hablaba Dios. Y no era sólo cómo lo decía, sino
porque decía tales cosas que revolvían las conciencias. Afirma el licenciado
Aguiar que estando con la madre en compañía del doctor Manso, que la
confesaba, éste no cesaba de exclamar entre dientes de forma que Aguiar
oyese: «¡Oh, bienaventurada mujer! ¡Oh, ángel del
cielo!». Y después hacía comentarios como éste: «Bendito sea Dios, bendito
sea Dios: Más quisiera argüir con cuantos teólogos hay que con esta mujer». Y
es que hablaba con una desenvoltura escalofriante. A este personaje, sin
faltarle jamás al respeto, en una ocasión que le confió haber dejado la
oración por miedo, le increpó así: «¡Oh, mal hombre!
¿ Y qué mal le había de hacer, aunque viniera todo
el infierno?». Hoy
tenemos a mano todos los escritos que ha dejado santa Teresa. Es un placer
imaginarse a sus pies leyéndolos como si la escucháramos, si lo hacemos sin prisas
y sin mirar el reloj. Su estilo conciso, luminoso, chispeante, con
ocurrencias incesantes y distintas, son para pasar horas deliciosas Pero
comprendo que no siempre hay tiempo ni humor para ponernos así con sus
escritos en la mano ni para saborear su contenido ni calibrar toda su fuerza
estilística. Para ello se requiere además de atención una cultura mediana que
no está al alcance de todos. Los que carecen de tiempo para semejantes
placeres, querrían, al menos, recoger sus chispazos, diseminados por todos
sus libros, y solazarse con ellos con responsabilidad personal. Tememos ver
ante nosotros tantas páginas, tantas palabras, sin saber dónde fijar la
vista. Preferiríamos sólo tener la «sensación» de alguna ocurrencia, que nos
permitiera pensar por nosotros mismos sin necesidad de seguir leyendo, como
si con ello enriqueciéramos nuestra inteligencia con sus ocurrencias
geniales. En efecto, debemos advertir ante todo, que lo más genial de santa
Teresa va siempre en forma de «incisos»; o, si se quiere, de «paréntesis».
Las deliciosas digresiones con que a veces adorna un discurso, no son
precisamente divagaciones, sino eso, chispazos que saltan de un subconsciente
siempre activo, arrollador, que es la constante de su fisonomía espirituaL Tales incisos, como aquel en que define qué es
la oración mental, definición hasta ahora jamás igualada, son tan geniales
que osamos afirmar que constituyen lo mejor de sus libros. Desde luego, santa
Teresa es primorosa en las descripciones de sucesos de que fue testigo, lo es
en el razonar convencido sin la menor réplica, y lo es para exponer causas y
causas de una determinación cualquiera. Pero esto, más o menos, es común a
todos los escritores con mayor o menor gracejo. Mas los incisos geniales que
salpican las páginas teresianas, donde se despachan las verdades más
tremendas e incisivas, capaces de dejar pensativa a una persona para todo el
resto de su vida, esos incisos, sí forman el sello exclusivo de santa Teresa
y de su estilo inimitable; tan inimitable que para hacer un remedo del mismo
habría que asimilarse de antemano todo lo que ella almacenó en su
idiosincrasia dándole exclusiva personalidad. Y la personalidad es tan exclusiva que si fuese comunicable dejaría
de ser personalidad. Poner personalidad en un estilo es lo más teresiano y
peculiar de sus escritos, escritos que su frescura y originalidad asombraron
al propio maestro fray Luis de León, que aseguraba que «el castellano de la
madre es la mesma elegancia». Se puede remedar a
Cervantes, a Góngora, a Calderón de Remedar
a santa Teresa es la tarea más dificil e ingrata.
Es el personaje más inimitable de toda la literatura española. Conseguir una
imitación lograda equivale a absorber su genial personalidad, o mejor, llegar
a ser tan genial como ella lo fue. Don
Jesús Martí Ballester, estudioso y admirador de santa Teresa, ha repetido con
ella lo que osó hacer con éxito notable con san Juan de su
conversación y su estilo puramente literario. El autor, en un alarde de
asimilación, ha logrado acertar con fortuna en su empresa arriesgada y
asombrosa. Cuando está terminando su versión al castellano moderno de las
obras de la santa, quiere recoger aquellos preciosos incisos que motean los
escritos de santa Teresa reduciéndolos a una antología o compendio, de forma
que las ideas permanentes de la santa, puestas de relieve con frases lapidarias,
al desnudo, como espadas fuera de su vaina, penetren derechamente en el ánimo
de sus lectores. Esta es la sorpresa que nos ofrece con esta Suma antológica
para facilitar el encuentro con aquellos conceptos que se precisen con
urgencia. La atención del autor se ha dirigido a los geniales incisos, más o
menos largos, rasgos definitivos del alma teresiana, y ha querido hacer de
ellos primorosos ramilletes y ofrecerlos en forma sistemática, recogiendo los
mismos textos de sus cuatro obras ya publicadas con todo el sabor de su
expresión estilística. Así clasificadas las diferentes «ocurrencias»
teresianas, y puestas al alcance fácil de los lectores, podríamos todos
paladear sus mejores «incisos», y si acaso deseábamos ampliar su contexto,
podríamos hacerlo con las referencias tipográficas de los mismos, aquí
anotadas. El cuerpo de la obra ofrece el rimero de textos teresianos
exponentes del pensamiento de santa Teresa, reordenados sobre una buena
cuadrícula teológica. Ha escogido para este vaciado con gran acierto el molde
de santo Tomás. El pensamiento de la madre Teresa va, por tanto, rimando con
seriedad de cátedra y con agudezas inesperadas cada uno de los grandes temas
de la teología tomista y cristiana. Nunca en la historia del teresianismo se
ha presentado una antología tan amplia, completa y elaborada como la
presente, con evidentes ventajas para los estudiosos del tema doctrinal
espiritual. Creemos,
que don Jesús Martí Ballester ha hecho un ingente servicio a los seguidores y
estudiosos de santa Teresa, abriéndoles senderos de inspiración temática y
permitiéndoles recurrir cómodamente a los temas que ellos prefieran. El
profundo conocimiento y experiencia, y las largas horas que ha dedicado a
esta labor, nos ahorran a nosotros no menos, brindándonos lo que
personalmente teníamos que buscar a nuestra manera. Es darnos desmenuzado el
pan de la doctrina teresiana, que teresianos
ha de llegar a todo el pueblo, que suele quedar encandilado cada vez que se
le menciona un refrán, un dicho o alguna de las innumerables anécdotas de
santa Teresa, siempre repletos de contenido. Gracias, don Jesús, por este
repertorio de temas teresianos. Ha hecho usted un gran regalo a Facilitar
a los buenos cristianos la doctrina de los maestro)s
de Que
este libro sea semillero de estas verdades teresianas,y que a través de él puedan todos enriquecer su
inteligencia y su afectividad con los valores eternos que Dios confió a esta
mujer española para beneficio de toda la humanidad. FRAY EFRÉN DE |
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