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JUANA FRANCISCA FREMYOT DE CHANTAL FUNDADORA DE LA VISITACION
Por
Jesús Martí Ballester
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¿QUIÉN ES
JUANA FREMYOT DE CHANTAL?
Ella misma se nos
presenta: "Soy Juana Francisca Frémyot,
natural de Dijón, capital de Borgoña, hija del
señor Frémyot, presidente del Parlamento de Dijón, y de la señora Margarita de Barbisey."
Es por tanto, compatricia de San Bernardo de Claraval,
nacidos ambos en la misma Dijon, sólo que
Bernardo en su castillo a dos kilómetros y Juana, en el centro de la
ciudad. A los veinte años casó con el barón de Chantal,
y pasó a ser la baronesa de Chantal por lo tanto,
cuya familia descendía de la familia de San Bernardo. Su estatura física
alta, noble y porte majestuoso, hermosa sin fingimientos ni coqueterías; y
temperamento jovial y abierto. Piadosa sin presagiar la grandeza de su
futura santidad. Enamorada impetuosamente de su marido y correspondida con
el mismo amor.
INCERTIDUMBRE
Cuando no veía al señor de
Chantal -dice ella-, empezaba a sentir en su
corazón grandes atractivos de pertenecer a Dios totalmente; pero todos
estos pensamientos los concentraba en la conversación y en la vuelta del Señor de Chantal." Es
el síntoma de las inquietudes y angustias con que Dios orilla sus llamadas,
sobre todo, las de aquellas que han de tener resonancias sociales mundiales
y eclesiales. Habría que preguntarle a San Ignacio y a San Enrique de Ossó y, no digamos a Santa Teresa de Jesús, que casi
perdió la vida en la lucha. “Mis pensamientos no son vuestros pensamientos”
Nosotros actuaríamos de distinta manera. Iríamos más directamente. Quiero
preparar una fundadora, primero que permanezca soltera lo que facilitará
después mi propósito y, sobre todo, que no llegue a formar una familia,
pues esto complicará más mis planes. Y también haríamos sufrir menos a la
candidata, ¿qué sentido tiene que maten a su esposo, mejor no haberlo
tenido? ¿Medimos el dolor de aquella esposa, madre, que ve a sus cuatro
hijos huérfanos? Todo se va a complicar. Pero nosotros vemos el bordado del
revés, desde la parte inferior del bastidor. El que ve el bordado
correctamente desde el sitio del bordador, contempla armonía en la
combinación de los colores, en la belleza del dibujo, en la obra de arte
que contemplamos.
OTRA VEZ EL MUNDO
Cuando el barón regresaba
y estaba presente, volvía ella también a su vida ordinaria de fiestas, de
cacerías, de visitas y de toda suerte de distracciones. Es natural, esos
son los frutos de la naturaleza que está tratando de torpedear la gracia
con sus trazas y caminos inextricables, inverosímiles, que sólo cuando en
la luz de Dios veamos la trama, comprenderemos la magnificencia del
bordado. A todos los hilos les veremos razón, santidad y belleza, como obra
del Supremo Artista La vida de los
dos esposos fue un idilio de diez años, que terminó con una tragedia. Un
día el barón fue herido involuntariamente por uno de sus mejores amigos en
una cacería. Juana corrió hacia él, temblorosa, y escuchó: "Amiga mía,
la sentencia del Cielo es justa; hay que amarla y morir." "No,
no –replicó ella-, es preciso que te cures." Y añadía: "Señor,
tomad todo lo que tengo en el mundo, pero dejadme a mi esposo." A los
ocho días el barón expiraba, dejando a Juana Francisca el cuidado de sus
cuatro hijos. Ella le lloró "con diluvios de lágrimas incomparables".
Su único consuelo era estar sola y llorar. Su castillo le parecía poco
desierto; y se iba a deshacerse en llanto en un bosquecillo cercano.
Cuando se dieron cuenta de que pasaba las noches de rodillas, rezando y
llorando, empezaron a vigilarla para conseguir que se acostase. A los
cuatro meses se había convertido en un esqueleto."
EMBATES DE DIOS
Brusquedad, a veces de los
asaltos de Dios a las almas escogidas. Llegaba un amor nuevo, que reina en
la noche, y asoma su luz deslumbrante a momentos. Dios ocupa el puesto del
hombre sin dejarse ver ni tocar, aunque deja efectos comprobables de su
presencia. Juana es madre: sus hijos la vuelven a ver sonriente como antes;
los enfermos, los pobres la encuentran más humana; los familiares, los
íntimos, se admiran de su cambio y de su presencia de ánimo por el que se
sobrepone a sí misma y reanudar su vida cotidiana. Sólo le resultaba
imposible, oír nombrar al asesino del barón. Siete años más tarde, aún
resistirá a las insinuaciones del obispo de Ginebra, deseoso de la
reconciliación.
TINIEBLAS
Por fuera claridad
aparente; por dentro, la noche Al más profundo dolor se juntan las
tinieblas de la tentación. Cortó las soliciles
del mundo e hizo voto de castidad; pero los asaltos a la fe eran cada día
más terribles. Necesita un director que la saque de la oscuridad, y un
sentimiento sobrenatural le dice que no tardará en llegar. Ávida de
dirección, pero ignorante de las cosas divinas, acepta el yugo de un fraile
petulante y tiránico, que la ata con
las promesas absurdas. La ingenua candidez de la baronesa durante
dos años se llenó de escrúpulos, cargó con acciones indiscretas y
torturantes. Comprendía que no era aquél el camino, pero seguía los menores
consejos del pastor con docilidad de mansa cordera.
SE ACERCA EL DIRECTOR
NECESARIO Y PREPARADO
En la cuaresma de 1604,
Juana Francisca, sabe que Francisco de Sales; Obispo de Ginebra, viene a
predicar a Dijón
y comenzó a oír sus sermones. Empezaron a conocerse: él, con
lentitud prudente; ella, sin titubeos. "Desde que tuve la dicha de
conocerle-dirá más tarde-, le llamé santo desde el fondo de mi
corazón." Mientras duró la
Cuaresma, la baronesa se sentaba frente al predicador
para verIe y oírle mejor. El santo empezó pronto
a fijarse en aquella viuda, que escuchaba con tanta atención, preguntó al
obispo de Bourges, justamente hermano de la
baronesa: "¿Quién es esa señora joven de tez morena clara, que viste
de viuda y se coloca en frente de la cátedra del predicador?" Después
Juana y Francisco se entrevistaron repetidas veces en la casa del
presidente Fremyot, que celebraba viendo en su
mesa al obispo de Ginebra. Juana "le seguía a todas partes, siempre
que podía."
PRUDENTE OBSERVACION
En su conversación, San
Francisco de Sales, que nunca termina cuando escribe, era reservado y
parco en palabras, más amigo de observar que de hablar. Observaba a la
señora de Chantal, y la joven viuda "morena
clara" se le presentaba como un enigma. Seria y jovial, concentrada y
fácil, tímida y ardiente, sencilla y elegante, nada parecía indicar en ella
la actividad de su vida interior. Sus labios estaban cerrados a toda
confidencia. "A nadie comunicaba nada -dice ella- sino con gran
temor, aunque la bondad del obispo me invitaba a hacerla, y yo me moría de
ganas de hablar." El obispo se esforzaba por echar la sonda, incluso
llegó a preguntarle si tenía intención de casarse, Y respondió que no.
"Entonces sería bueno arriar la bandera." Ella comprendió, y al
día siguiente arrinconó todas sus galas y apareció en público con un vestido
di una sencillez extremada, con sólo un pequeño encaje de seda. El obispo
quedó encantado de aquella docilidad. -"Señora -le dijo-, ¿estaríais
menos bien si esos encajes no figurasen ahí?" Ella se levantó
inmediatamente y arrancó aquellos adornos con su propia mano.
POR FIN
Un miércoles santo, Juana
se decidió a abrir su alma con timidez al obispo. Salió tan confortada de
la entrevista que le parecía que había hablado con un ángel. Francisco no
se apresura a recibir aquella alma que se entrega a su dirección y que
lleva en la frente y en los ojos el sello del heroísmo. Como si tuviera
miedo ante la riqueza de sus dones naturales y los efectos maravillosos que
la gracia estaba empezando a producir en ella. Pasan largos meses de incertidumbre en
Francisco él y de crisis en Juana; hasta que un día de agosto de 1604 se
encuentran en Annecy, a medio camino entre
Borgoña y Saboya. Con el obispo están su madre, su hermana y sus amigos. La
baronesa trae también su séquito. Hechas las presentaciones, el obispo pasa
diestramente el cortejo a su madre, "y tomando aparte a su querida
hija espiritual, hizo que le contase todo lo que había pasado en ella; y
ella habló con tal claridad, sencillez y candor, que no olvidó el menor
detalle. El santo prelado escuchó muy atentamente, y sin decirle una sola
palabra, se separaron. Y Francisco escribe a Juana: “Nunca me distraigo en
la misa, pero desde que os conozco, sobre todo en la misa, vuestra imagen y
recuerdo no se separa de mi mente.
DECISION
Un día, muy temprano, fue
en su busca. Estaba muy cansado y abatido. "Sentémonos -le dijo-;
estoy: fatigado, y pensando toda la noche en vuestro asunto, no he podido
dormir. Veo claro que la voluntad de Dios es que me encargue de vuestra
dirección espiritual y que sigáis mis consejos Después permaneció un poco
en silencio, y levantando los ojos al cielo, continuó: "Señora, ¿os lo
diré? Debo decirlo, puesto que es la voluntad de Dios. No os extrañéis de
que haya tardado en resolverme: quería conocer bien la voluntad de Dios,
para que no haya en este asunto más que la intervención suya."
SANTA LIBERTAD
"Aquella misma mañana
dice el: relato biográfico- Juana Francisca hizo su confesión general con
el obispo. Hay una palabra que resume el método que siguió San Francisco en
la dirección de Santa Chantal: la palabra
libertad. Me quejaba -dice ella- de que no me mandaba bastante." Pero
al mismo tiempo experimentaba que acababa de salir de una cautividad
interior. Francisco, atento a la acción de Dios en las almas, no quería
entorpecer esa acción con la suya. Es prudente, además, porque no está
bien seguro de las posibilidades que aquella naturaleza de mujer tan
excepcional y, elegida. Pero la tarea que él sueña también necesita gestos
sublimes y fortaleza varonil.
INFLUENCIA DE SANTA TERESA
Aún no hace un cuarto de
siglo que Santa Teresa ha muerto. Había dejado sembrados dieciocho
monasterios en España. Cuando va a actuar Francisco de Sales, las
carmelitas ya han penetrado en Lisboa, Portugal, con María de San José y el
padre Gracian de la Madre de Dios. Ahora las
carmelitas de Santa Teresa, acaban de ser introducidas en Francia por Ana
de Jesús, “la capitana de las prioras”, como la llamaba Santa Teresa y la
predilecta de San Juan de la
Cruz, aunque alguna vez había opinado mal de la
designación de San Juan llamando hija suya a Santa Teresa y replicaría,”que
lo es muy de verdad de mi alma. A estas alturas ya se han establecido en Dijón.
Juana ya se relaciona con ellas. Francisco no impide su relación con las
monjas españolas, cosa de competencias desgraciadamente tan corriente por
los celos humanos, sino que la favorece, y goza viendo a Juana envuelta en
aquella brisa mística que llega de Avila. La mística y los modos teresianos
dejarán un rescoldo fecundo en la vida espiritual de la baronesa, que
imprimirá una huella en la espiritualidad de Santa Juana, Así lo testifican
sus propias confesiones: “De campestre que era, la hicieron ciudadana de la
mística. Eso le alentó a ascender de los primeros grados de la oración y la
liberó de la sumisión excesiva a los métodos de la oración ordinaria. A los
asiduos a los monasterios de la Visitación les resultará familiar el verbo latino ”cucurri”. Forma parte
de un salmo latino que reza así: “Mandata tua cucurri, cum dilatasti cor meum”, “guardé gozosamente tus mandamientos uando ensanchaste mi corazón” Se refiere la frase la delicia que siente
un alma cuando es conducida por el Espíritu Santo por la vía mística, que
se goza por los Dones del Espíritu santo y no por las virtudes. Juan Francisca
estaba en disposición de empezar su obra.
FUNDADORA
En la primavera de 1607 la
baronesa volvía a Annecy para conocer lo que su
director pensaba hacer respecto a ella. "Fui en su busca -nos dice
ella misma- con la mayor indiferencia que pude." Francisco escucha,
observa y calla. Durante una semana entera examina la voluntad de Dios en
un silencio solemne y dramático. "Pero el día siguiente a la fiesta de
Pentecostés -dice una discípula de la santa-, habiéndola llamado después de
la misa, con un semblante grave y serio, y de una manera que indicaba al
hombre absorto en Dios, le dijo: "Bueno, hija mía, ya he resuelto lo
que voy a hacer de ti". "Y yo Padre mío, estoy resuelta a
obedecer." Así respondió ella, de rodillas. El obispo permaneció en
pie a dos pasos de ella, y después de una pausa, continuó: "Muy bien;
es preciso que entres en Santa Clara." "Dispuesta estoy, Padre
mío" -contestó ella. "No-replicó el obispo-, no eres bastante
fuerte; tendrás que ser Hermana del hospital de Beaune."
"Como os guste." "No, no es eso lo que quiero -agregó él-;
debes ser carmelita." "Ahora mismo, monseñor", repuso ella.
Aún la propuso otros varios proyectos para probarla, y vió que era una cera
derretida por el calor divino, dispuesta a recibir cualquier forma de vida
religiosa. Le expuso al: fin su idea de fundar una nueva congregación, el
instituto de la
Visitación de Santa María. La vocación que Francisco
quería desarrollar era la de religiosas que visitaran a los pobres, de ahí
su nombre de la
Visitación y visitandinas. Era pronto aún y el obispo no
le permitió que salieran del claustro y tuvo que aceptar la renuncia a su
primer planteamiento que, un poco después tomará San Vicente de Paul para sus Hijas de la Caridad
LA DESPEDIDA
En 1610 todo estaba
preparado en Annecy para recibir a las primeras
visitandinas. La señora de Chantal abandonó su
casa el día de San José. La despedida dió lugar a
una escena emocionante. Todos lloraban, y ella misma, a pesar de la
violencia que se hacía, estaba deshecha en llanto. El mayor de sus hijos,
Celso Benigno de Rabutín Chantal,
el que será un día padre de la marquesa de Sevigné,
se colgó a su cuello esforzándose por retenerla con sus caricias. Ella le
cubría de besos y respondía a todas sus razones con un valor admirable. A
fin se arrancó violentamente a los brazos de su hijo, y se dispuso a
marchar. Entonces, Celso Benigno, desesperado por no poder detener a su
madre, se tendió en el umbral, y dijo estas palabras: "Madre, pasa si
quieres, si te atreves a pasar sobró el cuerpo de tu hijo." Dudó ella
un momento y se detuvo con el corazón oprimido; pero, cobrando luego nuevas
fuerzas, ~ sonriendo a través de las lágrimas, echó a andar, ganó la calle
de un salto y subió a su carroza. Durante un rato caminó en silencio y con
los ojos arrasados en lágrimas; después se tranquilizó súbitamente y entonó
el cántico de la liberación. Su agonía había terminado.
EL HOGAR
Entre Chambery
y Ginebra, sobre una de las colinas que descienden de las cumbres del San
Bernardo y del Mont-Blanc,
está Annecy. Es una ciudad pequeña. El primer
convento del instituto, entre huertos y arboledas, fuentes cristalinas y
plátanos seculares. Así se presentaba al mundo el instituto de la Visitación,
concebido por el fundador con el mismo espíritu que la Introducción
a la vida devota, pórtico de la santidad cristiana. Es un error querer
desterrar a las persona débiles de la vida cristiana, a quien no es capaz
de soportar los rigores del Carmelo, pero ni lo oficios de la noche, ni los
ayunos, ni las disciplinas, son necesarios para llegar a la santidad. La Visitación
será el Carmelo de los frágiles, de los enfermos. "Esta condición
-escribe Francisco- ha sido dirigida para que ninguna aspereza pueda
apartar a los débiles de dedicarse a la perfección del amor." Esta
frase refleja con toda precisión el programa del nuevo instituto, y las
primeras salesas lo cumplieron de una manera admirable, llegando a
convertirse en maestras del amor o para el mismo fundador. En aquellos días
gloriosos, la
Visitación fue para él un campo de experiencias místicas,
donde las semillas fecundas luego habían de germinar en el Tratado del amor
divino.
PRIMERA OBSERVANTE
La Madre Juana era la
primera en los deberes de la observancia. 'Nuestro Padre -dice una de las
primeras visitandinas- deseaba, que las Hermanas hagan la cocina y los
oficios domésticos una tras otra. Nuestra Madre, si no estaba enferma,
jamás se dispensaba de servir y cocinar la semana que le tocaba. En el gran
jardín de la casa acogen a los niños de los pobres, la Madre encontraba gran
suavidad en estos ejercicios bajos y domésticos. Aunque su principal
cuidado era fundar bien a sus hijas: en la vida interior y del espíritu; y
por la gracia divina, muchas tuvieron en poco tiempo oración de quietud, de
sueño amoroso, de unión altísima; y luces extraordinarias de los misterios
divinos en que estaban absortas; y algunos arrobamientos y éxtasis..
SE REVELA LA MUJER DE GOBIERNO
La mujer sumisa y
confiada, que parecía incapaz de dar un paso sin el gobierno de otro, se
había convertido en una maestra insigne; la discípula tímida y obediente se
había revelado con un carácter maravillosamente dotado para el gobierno. De
repente, camina de ciudad en ciudad, organiza comunidades en todas las
provincias de Francia, atiende a todos los detalles de la administración,
dirige treinta, sesenta y hasta ochenta casas y mantener una
correspondencia europea. Sin la vivacidad, sin la elocuencia de Santa
Teresa tiene su profundo sentido práctico. Hablaba poco y con sequedad.
"Preguntadme -decía a sus hijas-; no soy predicadora; sólo sé hablar
cuando me preguntan.". Sus cartas son breves, y dirigidas siempre a la
acción. Por el desdén de la forma, recuerdan las de San Vicente de Paul. Por el pensamiento, por la pasión, por la
luminosidad, son reflejo de un espíritu elevado, firme, ardiente y un poco
autoritario. Juana Francisca había nacido para mandar. Su porte de reina,
su mirada, su gesto, su voz, eran las de un jefe nato. Con menos virtud,
hubiera llegado a ser altiva, imperiosa, inclinada a la severidad e intranigente ante la resistencia. Felizmente, la gracia
de Dios, la dulzura comunicativa de San Francisco de Sales y la santidad
corrigieron ese fallo, desarrollando en su alma una humildad y una dulzura
que, nos admiran más por no ser naturales.

JESUS
MARTI BALLESTER
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